Estación Enrique Carbó es un pueblo donde viven 1700 almas, y una de cada dos familias tienen a alguien viviendo de la Municipalidad. Aquellas que son la excepción, reciben algún tipo de prebenda, o, si no, temen al cambio. Esto ha hecho del Intendente, Rodolfo Romero, el patrón del pueblo.

El Dr Rodolfo Romero reapareció por Enrique Carbó allá por 1995, ostentando una buena situación económica. Había llegado al pueblo de gurí, con su padre ferroviario, y se había ido a Buenos Aires. Pero fue en el 2010 que se querenció definitivamente, huyendo de su vínculo en el sonado caso de la mafia de los medicamentos.

Vale recordar que la empresa NOSSAL, de Romero, allá por 2009, fue investigada por el polémico juez Oyarbide, quien descubrió su vinculación con la droguería San Javier, de Néstor Lorenzo,  y con el titular de La Bancaria, Juan José Zanola, a partir del polémico fideicomiso firmado por las tres entidades.

Su pasado habla a las claras de su perfil, el propio de un empresario vinculado al Estado e involucrado en negociados mafiosos, en este caso explotando las necesidades de salud de la gente.

Muñido de buenos pesos, tal vez a blanquear, y con vínculos con el poder político, para Romero, ser intendente de Carbó, en 2011, fue un mero trámite. Desde entonces, el hoy nuevamente candidato ha sabido aprovechar las oportunidades para que las necesidades de la gente lo perpetúen en el poder.

En pleno auge kirchnerista, el médico sabía que, en un pueblo tan chico, todo es mucho más fácil. Los números así lo permitían. Se trataba de un universo de unas 400 familias, de las cuales una buena proporción ya vivía del municipio. No sería difícil, con el poder en la mano, conquistar y someter al resto.

De ese modo, desde su asunción al poder en 2011, Romero supo construir su "base política" repartiendo nuevos cargos en la municipalidad, incorporando nuevos proveedores, y distribuyendo prebendas "asistenciales". Al mismo tiempo, una arbitraria administración, lejos del poder departamental (80 kms), le brindó los recursos necesarios para poder sostener esa "política".

Un puesto por acá, una compra por allí, y remedios o alimentos por allá, más el "hospitalito" y algún espectáculo popular fueron consolidando la estrategia de Romero para blindar su futuro en una comunidad que dependía cada vez más de él.

Pero todo esto no le sirvió de nada a Enrique Carbó. Muy por el contrario, no se desarrolló como comunidad ni se desarrollaron sus vecinos, mientras que la dependencia del Estado municipal ascendió a niveles monopólicos, favoreciendo la estrategia de Romero para perpetuarse en el poder, y seguir abusando de éste para manejar la comuna a su antojo.

"Si acá querés sobrevivir tenés que trabajar para Romero, y hacer lo que él dice, o venderle, o serle útil para algo, o, por lo menos, resultarle simpático. Si no, fuiste", manifestó un vecino.

Tal la hegemonía construida por Romero en Carbó desde el 2011, que, en 2016, no dudó en hacerlo renunciar a su compañero de fórmula en el primer mandato, Costa, intendente desde 2015, y delegar la intendencia en su mujer. De aquel modo, pudo dedicarse a otros negocios, como cuando se asoció con Erro para dirigir el Hospital San Antonio y se llevó con él su "equipo", el cual cobra de ambas partes. Al frente del hospital, también pudo beneficiar a vecinos carboenses con puestos y otras misceláneas.

Gracias a esta performance política de la gestión de Romero, hoy, casi la mitad de las familias de Carbó tienen a alguien trabajando en la comuna o en el hospital, y, de las que no, la mayoría tiene negocios con la misma, recibe alguna ayuda, o depende de alguna forma.

En este contexto, Romero se propone volver al Municipio, y lo hace con el mismo Costa. Los mismos que no terminaron sus mandatos como intendentes, siempre por cuestiones políticas internas, hoy vuelven ofreciendo más de lo mismo.

Ahora bien, frente a los tiempos económicos en que vivimos, a pesar de lo malo que puede resultar para Carbó que esta gente la siga gobernando, y por más decente que sea y buena que pueda ser otra propuesta, difícilmente un vecino elija a otra, pues estaría poniendo en riesgo su propia supervivencia.

Esta es la condena que pesa hoy sobre Carbó y su gente, sin poder salir del retraso y la postergación, solo porque el pueblo tiene patrón y no gobierno.

Norman Robson para Gualeguay21