El flamante barrio de las 150 viviendas está a punto de inaugurarse marcando un hito en la historia de Gualeguay, no solo por lo significativo del aporte habitacional, sino por la trascendencia política del hecho, la cual se sintetiza en siete diferencias con el último barrio construido por el Estado municipal.

Gualeguay ya supera las 50 mil almas, pero las sucesivas gestiones políticas no hicieron mucho por atender la creciente demanda habitacional. Tan es así que, en lo que va del nuevo milenio, casi dos décadas, solo vieron la luz el barrio de ATE (48), el del Sindicato de la Carne (48), el de Agmer (20), y el tristemente famoso 80 viviendas.

Este último, de irregular gestión, construcción y entrega, sintetiza la cultura administrativa del pasado inmediato, y, en contraposición con éste nuevo, desnuda la corrupción administrativa del anterior gobierno y su desprecio por las necesidades urgentes de su pueblo.

En tal sentido, de la observación de uno y otro a la hora de su entrega a los beneficiarios surgen abismales distancias que enunciamos a continuación:

Las siete diferencias

1. Tramitación: la gestión y construcción de este barrio se realizó en un todo de acuerdo con las leyes vigentes y dentro de la esfera administrativa municipal, mientras que, para la construcción de aquel barrio, se creó una entidad fantasma a la cual se le transfirió el dinero para hacer uso y abuso del mismo sin los controles municipales.

2. Cantidad: en este caso se optó por hacer 150 unidades habitacionales, en lugar de solo 80, y en un espacio más accesible, a 200 metros de la Av. Perón, y no lejos de todo, en un terreno inaccesible, pensando en las necesidades de los beneficiarios y no en la conveniencia del negocio marginal.

3. Calidad: la características cualitativas de las viviendas salta a la vista al observar los materiales y accesorios utilizados y colocados (pisos, aberturas, grifería, etc.), mientras que en las del 80 viviendas, een los pocos casos en que existían, eran de tercera calidad.

4. Terminación: a diferencia con aquel barrio, estas viviendas se entregan terminadas en su totalidad, tanto por dentro como por fuera, y equipadas con las prestaciones básicas, mientras que las del barrio 80 no estaban terminadas ni por dentro ni por fuera, faltándoles las cargas de los techos, algunas aberturas, cielorraso, etcétera.

5. Servicios: cada unidad habitacional del 150 viviendas cuenta con las instalaciones de agua corriente, cloacas, energía electrica y gas, cuando aquellas del 80 no contaban con ninguno de estos servicios.

6. Titularidad: los beneficiarios de estas viviendas contarán con los títulos correspondientes, mientras que los beneficiarios de las 80 viviendas, aún después de 4 años, seguían en irregularidad, razón por la cual la Municipalidad está haciendo las gestiones ante Nación para poder regularizarles su situación nominal.

7. Legalidad: la gestión, construcción y entrega de estas 150 viviendas no da lugar a demanda alguna por irregularidades, lo cual garantiza y legitima tanto a la obra como a los beneficiarios, mientras que las 80 viviendas adolecen denuncias judiciales y otras que no llegaron a la Justicia, mientras que hasta tanto sus ocupantes no tengan la titularidad, no estarán tranquilos.

Estas siete diferencias exponen la diferencia entre políticas públicas en beneficio del pueblo y aprovechar la política en provecho propio. En este caso, prueba de ésta política habitacional son la posibilidad de ampliar éste barrio con 130 viviendas más, el acompañamiento al Sindicato de la Carne para la construcción de 100 viviendas y opción a 100 más, las gestiones por reactivar las otras 48 viviendas del barrio ATE, y las casi 30 casas concretadas con el Tené Tu Casa.

Lamentablemente, la impunidad política protege de la Justicia a quienes pergeñaron y ejecutaron la gran estafa del barrio 80 viviendas, estafa económica contra el Estado, y estafa emocional contra los beneficiarios.

Norman Robson para Gualeguay21