La Municipalidad de Gualeguay, que está mandada a gobernar a los casi 45 mil gualeyos, cuenta para ello con 1.139 personas y un presupuesto de 1.404 millones de pesos para todo este año 2021. Para administrar esta gente y estos recursos, el gobierno cuenta con una estructura de gestión integrada por un intendente y 5 Secretarios, cada uno con su área importante de responsabilidad. En septiembre, dos secretarías quedaron acéfalas, y una recién este mes tiene titular, mientras la otra sigue sin secretario, pero nada se sintió.

Al inicio del pasado mes de septiembre, las Secretarias de Turismo, Cultura y Deporte, Carolina Larrateguy, y de Prevención de Adicciones y Convivencia Ciudadana, Verónica Gangale, dejaron sus cargos. La primera oficialmente, informado por el municipio, y la segunda en silencio, sin una sola palabra oficial. En su área, Larrateguy tenía a cargo 82 personas y un presupuesto de 84 millones de pesos, mientras que Gangale tenía 16 personas y 17 millones. Cabe destacar que, al estar acéfalas, ese personal y esos millones quedaron a la deriva. 

A partir de este mes de noviembre, la Sepacc tiene titular. Al frente de esta cartera nombraron al Dr. Jorge García, quien fuera director del hospital durante gran parte de la pandemia, mintiendo sobre las estadísticas de contagios y siendo uno de los responsables de que Gualeguay terminara en el podio de los departamentos con mayor índice de fallecimientos por covid. Un nombramiento que sorprendió no solo por estos "logros", sino, también, porque era un funcionario del gobierno provincial, del signo contrario a la gestión local.

Pero Turismo, Cultura y Deporte, una cartera 5 veces mayor en presupuesto y en personal, con una actividad cierta y concreta, a dos meses de los carnavales, siguió y sigue acéfala, sin señales de que alguien vaya a hacerse cargo. Tres direcciones, más de 80 personas y más de 80 millones de pesos sin un responsable político que ordene esas actividades detrás del proyecto político de la gestión. Alguien dijo que suplen esa acefalía entre la intendenta, el jefe de Gabinete y algún secretario. Entonces alguien se pregunta para qué gastaban antes millones en un secretario, si no era necesario.

Pero la historia inmediata puede ayudarnos a entender todo esto.

Por mucho tiempo, las actividades de Turismo, de Cultura y de Deporte se manejaron como coordinaciones, ya que era precisamente eso lo que hacían: coordinar esas actividades en la ciudad. El mundo fue evolucionando y entendió que esas áreas debían desarrollarse, cada una, en su plano público, y no sólo limitarse a coordinar lo que hubiera. Con ese objeto, muchos municipios elevaron esos roles públicos a direcciones, siempre con más personal y más presupuesto. Gualeguay no fue ajeno a eso y así lo hizo, destinándole más recursos, pero sin adoptarlas como una cuestión de Estado.

Esto quiere decir que crecieron en personal y presupuesto, pero no dejaron de ser meras coordinaciones, ya que nunca se comprendió la importancia del turismo en el desarrollo económico, ni los beneficios del deporte y la cultura en el desarrollo social. Esto se puede apreciar en un organigrama que mezcla ambos desarrollos.

Al igual que otras áreas, como las de comunicación, ambiente y género, las áreas de turismo, cultura, deporte, al igual que la de adicciones, siguieron creciendo en importancia para el desarrollo de las sociedades, cada vez con un mayor protagonismo dentro de los presupuestos. En Gualeguay, en el afán de crear cargos con fines no necesariamente administrativos, en tiempos de Luis Erro, esa gestión creó la Secretaría de Turismo, Cultura y Deporte, y la puso en manos de su amigo Mariano Dunat. Se trató de una coordinación de las coordinaciones, con más personal y más presupuesto, pero sin hacerla una cuestión de Estado.

Así llegamos a la gestión Bogdan, durante la cual casi nada cambió. De la mano, primero, de Miguelina Pitón, y, luego, de Larrateguy, hicieron de las coordinaciones simples agencias oficiales de eventos, ya que se concentraron en generar actividades pero nunca en aplicar políticas públicas que apunten a desarrollar económicamente el turismo, o a promover la cultura o el deporte públicos. 

Tampoco cambió con Bogdan la filosofía política en cuanto a la creación de cargos y la inclusión de amigos. Tan es así que creó otra secretaría, absolutamente innecesaria, parte con un área propia de Desarrollo Social o Humano, como son las adicciones, y parte con un área ajena a su jurisdicción, como lo es la seguridad, y la puso en las manos de su amigo Horacio Conrado. Después de más de 4 años sin resultados concretos, Conrado renunció y vino Gangale, quien tampoco logró nada y dejó la cartera en el más absoluto silencio oficial. Vale remarcar que, al igual que en Turismo, Cultura o Deporte, no se conocen acciones concretas que hayan servido para cambiar la realidad. 

En síntesis, en las últimas gestiones, y en lo que va de esta, durante las cuales a éstas carteras se les duplicaron el personal y los recursos económicos, no se han implementado políticas públicas que mejoren sus realidades, ni nunca estuvo el desarrollo de las mismas en la agenda política de los gobiernos. Ni nunca tuvieron un norte en sus gestiones. Así fue que nada cambió en el turismo, ni en las adicciones, ni en la cultura, ni en la convivencia, ni en el deporte, ni siendo coordinaciones, direcciones o secretarías. Solo han sido estructuras funcionales a los intereses políticos de los gobiernos de turno.

Prueba de todo esto es esta realidad en la que las acefalías no se sienten, ni afectan el desconocido rumbo del gobierno, ni, mucho menos, afectan la acuciante situación de los ciudadanos. Algo debe estar mal.

Norman Robson para Gualeguay21