Días pasados volvió, por un momento, a la vida pública, despertando, así, los recuerdos. A la distancia de los años, y conforme se van sumando políticos e intendentes a la historia de Gualeguay, la figura de José Salim Jodor cobra relevancia como un ejemplo de construcción política y de gestión de gobierno que nadie ha podido imitar. Durante los últimas gestiones, nadie supo construir un respaldo político que lo avale y consolide, sino que basaron su construcción en la prebenda, al igual que nadie se avino nunca a gobernar, sino que se concentraron en el discurso y la propaganda. En la política gualeya alguna vez hubo trabajo y compromiso.

Se trata de un personaje de carácter fuerte, enérgico y empecinado, estricto e inflexible en sus pareceres. El carácter típico de quienes, en aquellos años, se formaron en el ejército y adquirieron la cultura fachista importada por el General Perón, la cual, en este caso, fue potenciada por una crianza en el seno de una familia árabe. Ese fue el perfil de Jodor al llegar a Gualeguay. Un hombre cuarentón buscando hacer Patria, y, para él, esta solo se hacía yendo para adelante, sin perder el tiempo en cavilaciones. Nunca más real aquello de que el fin justifica los medios.

Esa impronta de hacedor sin escrúpulos fue lo que signó sus gestiones, muy criticadas por entonces, pero, sin lugar a dudas, más efectivas que las actuales, por lo menos para el pueblo. Esas características lo hicieron un gran demagogo en la construcción política y un gran desprolijo en su poco transparente gobierno, pero, a la luz del tiempo, sus pecados no fueron tan pecado. 

Toda aquella cultura peronista clásica, teñida de fachismo militar, puesta al servicio de la política, hoy, a la luz del tiempo, se presenta excepcional y extraordinaria respecto de lo que vino después. Si bien no hay dudas de que le fue bien en la vida, aunque nada extraordinario entre los políticos de hoy, eso se debió, en gran medida, a su incansable trabajado más allá de su actividad pública.

Si bien se le endosaron hoteles, panaderías, flotas de camiones de carga, varias hectáreas de campo, y otras tantas propiedades, desde un principio, Jodor se dedicó a la proyección de películas, adquiriendo después el cine Variedades, y, más tarde, convirtiendo ése en un salón de fiestas, a la vez que, también, invirtió en apicultura, junto a su hombre de confianza, Oscar Logullo. Hoy, a la luz del tiempo, nada de todo lo que le endilgaron ha salido a la luz, mientras si reviven inolvidables detalles de su gestión.

Su historia política

En 1982, Jodor llegó a Gualeguay desde Salta, donde tenía una empresa de colectivos con un hermano, y se dedica a la proyección de películas, pero su perfil inquieto lo llevó rápidamente a participar en política. En 1983, en el regreso del país a la vida democrática, un grupo de peronistas reconstruyó la actividad política al viejo estilo: puerta a puerta, barrio por barrio, con una propuesta. Ese grupo fue bautizado como la Unidad Básica 1, y se apoyó en las 43 agrupaciones políticas que fundó en todos los barrios. Al frente de aquella organización estaba Francisco Pancho Gastaldi.

Gracias al trabajo político realizado, la Unidad Básica 1 ganó olgadamente las elecciones internas, entre 9 líneas, y las generales, contra aquella enorme tendencia radical liderada por Alfonsín en el país y Montiel en la provincia, y Gastaldi fue elegido intendente. Jodor fue su ladero en aquella gesta, lo cual le valió el cargo de Inspector General en la Municipalidad, y la presidencia del Partido Justicialista.

Al cabo de dos años, en 1985, diferencias con Gastaldi hicieron que Jodor se abra y funde su grupo propio, con el cual, en 1987, acompañó la primera candidatura de Busti, pero no pudo ganar la interna. Al quedar a la deriva, Daniel Rossi, elegido vicegobernador, lo llevó como secretario. Desde ese lugar, con un signo peronista en la provincia, siguió construyendo en Gualeguay, donde, a contrapelo del país, había ganado el radicalismo de Galante.

El año 1991 se le presentó como una oportunidad de revancha, y Jodor acompañó a Moine en la gobernación, impulsando a Quitito Campañá como intendente y a él mismo como diputado. La victoria le permitió consolidar lo trabajado en el período anterior y armarse sólidamente para las siguientes elecciones, las de 1995. En esta nueva oportunidad, Jodor, apoyado en todo lo construido desde los barrios, ganó cómodamente las elecciones. Ese gobierno lo pintó como un gran hacedor, con una gran presencia en los barrios periféricos, aunque su gestión se tiñó de desprolijidades y oscuridades.

En 1999, Jodor no pudo contra la corriente de la Alianza, y Raúl Berisso perdió contra Héctor Jaime, y él perdió la senaduria con Hugo Lesca por doce votos. No obstante, el hombre siguió activo, hasta que después del ruidoso fracaso de la Alianza, y las secuelas del 2001, arrastrado por Busti, el 2003 lo encontró nuevamente en la intendencia. Esta segunda gestión, como toda segunda parte, no fue tan extraordinaria, ya que su carácter, y el poder acumulado, le pasaron factura, y el cobrador fue el propio Busti, con Hernan Vittulo en el medio. Asinfue que debió gobernar sin el apoyo de la provincia, y, con la caja provincial, le fueron coptando su estructura.

En el 2007, con la llegada de Sergio Urribarri a la provincia, y Luis Erro a la intendencia de Gualeguay, se impusieron nuevos modelos de política y de gobierno, los cuales lo hicieron a un costado, y lo relegaron a un tercer plano, iniciando así su ocaso, el cual se selló con su salida del Partido Justicialista y su diputación por la Lista 100, nuevamente al lado de Busti.

Su legado político

Si bien su gestión fue empañada por escándalos como el del barrio fantasma, el caso Gianpaolo y otros casos, Jodor nunca fue procesado, ni por desvío o malversación de fondos públicos, ni, mucho menos, por enriquecimiento ilícito. Pero sí fue una constante en su gestión el manejo arbitrario y desprolijo del dinero público, como en el caso de los fondos para un barrio que terminaron en otras necesidades más urgentes, causa en la que resultó exonerado gracias al testimonio del propio Gobernador Busti, que declaró que el dinero era para lo que se precisara.

Para Jodor había que hacer lo que había que hacer, y la casa del partido era una de esas cosas que había que hacer. Y así lo hizo, aunque eso le costara la libertad al entonces director del Hospital San Antonio, el Dr. Gianpaolo. Y así hizo todo lo que hizo, comprometiendo lo que hacía por las formas en que lo hacía, pero se hicieron. Esa fue la impronta tan criticable de su gestión de gobierno.

Como contrapartida, desde sus gestiones al frente de la Municipalidad, Gualeguay nunca volvió a tener inclusión social en sus políticas públicas, sino que, directamente, no hubo políticas públicas, y las decisiones se concentraron en el centro de la ciudad, dejando para la periferia solo la asistencia a cambio de votos. La erradicación de ranchos llevada adelante por Jodor en aquellos años se desvaneció y los ranchos volvieron a levantarse.

Por otro lado, Jodor fue el único en consolidar la participación popular llamando a elecciones en las juntas vecinales, red que le permitía conocer en tiempo real la problemática en todo el territorio, lo cual complementaba con una intensa presencia personal recorriendo la ciudad, permitiéndole así dar soluciones. Todos los días, salía a recorrer la ciudad a las 5 de la mañana, y se lo podía encontrar hasta tarde en la Municipalidad, a la vez que recibía a todos aquellos que recurrían a él con algún problema, quienes no solo se iban con una promesa de solución, sino, también, con algún billete que tuviera en su bolsillo. Tal era su liderazgo que todos corrían detrás de él.

De ese modo, con intenso trabajo y mucha empatía con la dignidad de sus gobernados, tanto en la faz política como en la ejecutiva, Jodor construyó su imagen pública, la cual le valió un capital político propio que nadie, aún, pudo igualar, a la vez que dejó a su ciudad mucho mejor de lo que está ahora. En su época lo acusaron de que robaba pero hacía, después vinieron los que robaron y no hicieron, y, según parece hoy, hizo y no robó.

Norman Robson para Gualeguay21