Mientras fundamentalistas del medioambiente y dirigentes docentes, ambos ávidos de protagonismo, militan la demonización de la agricultura y las agroaplicaciones en base a mentiras y medias verdades, la irresponsable indiferencia de ruralistas y políticos permite que la sociedad sea mal informada en un tema tan delicado como éste.

Ante todo, es preciso reconocer la trascendencia e importancia del tema, ya que sectores, sin argumento válido alguno, pretenden infundir miedo e imponer prohibiciones en una de las actividades que genera más puestos de trabajo en la provincia, a la vez que es una de las principales fuentes de ingreso de divisas.

Del mismo modo, vale señalar que abundan estudios técnicos y científicos que avalan las buenas prácticas en las agroaplicaciones, sean terrestres o aéreas, y, en base a éstos, se han desarrollado las leyes que regulan la práctica.

También es oportuno apuntar que estudios y estadísticas sobre el impacto de las fumigaciones en la salud en general, y como causante de cáncer en particular, no arrojan vínculos de ningún tipo ni alimentan siquiera sospechas de que éstos existan.

A pesar del caudal de argumentos existentes, el gremio docente entrerriano y los ambientalistas de la provincia se asociaron para señalar a los agroquímicos como venenos, y a los productores como asesinos, para llevar adelante un falsa patriada que sumerge a los entrerrianos en una angustiante incertidumbre.

Ahora bien, cuando el Gobernador Bordet, fundándose en información veraz y legítima, decretó la reglamentación permitiendo las aplicaciones a 100 metros para las terrestres y a 500 metros para las aéreas, los fundamentalistas, furiosos, recurrieron a la Justicia, donde lograron una rápida sentencia favorable de parte de un tribunal que no quiso ser centro de la contienda y resolvió según lo más conveniente: darles la razón y que apelen más arriba.

Según ésta tan arbitraria como ridícula sentencia, la zona de exclusión debía ser de 1000 metros para las pulverizaciones terrestres y de 3000 para las aéreas, siempre alrededor de las escuelas rurales.

Como esta sentencia, aparte de carecer de fundamentos reales, significaba miles y miles de hectáreas condenadas a la improductividad, y, así, generaba un perjuicio económico mayúsculo que llevaba miles de pymes a la quiebra y miles de familias quedaban sin trabajo, el Gobierno debió apelar al Superior Tribunal.

En el marco de este reclamo, la semana pasada, el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, luego de interiorizarse sobre el tema, resolvió, por unanimidad, darle la razón al Gobierno y a los ruralistas, rechazando la acción de amparo que presentaron las organizaciones ambientalistas, y dejando sin efecto el fallo que fijó una zona de exclusión de 1000 y 3000 metros para las aplicaciones alrededor de las escuelas.

Igualmente, en su resolución, el Superior Tribunal determinó una distancia mínima de 150 metros, en lugar de los 100 que contemplaba el decreto del Gobernador Bordet.

Por último, cabe resaltar que ésto no quiere decir que se pueden fumigar escuelas y ciudades arbitrariamente, como tratan de hacer creer los ambientalistas a través de cuanto medio le presta cámara y micrófono, sino que se siguen permitiendo las aplicaciones a 150 y 500 metros de escuelas y centros urbanos, según sea terrestre o aérea, de acuerdo a un protocolo específico.

Es de lamentar que, a pesar de la importancia del tema, y del reclamo realizado por cien periodistas especializados el año pasado, no haya información veraz y confiable sobre el tema, de modo que la sociedad pueda saber cuales son y cuáles no son los peligros de la actividad, tal como se resolvió en la comercialización y el consumo de tabaco.

Por otro lado, sería muy importante para la sociedad que ambientalistas y gremialistas docentes dispongan esta misma energía que destinan a esta caza de brujas, la destinen al control de las agroaplicaciones en las distintas escuelas.

Un dato

Desde principios del siglo pasado, la industria alimenticia en general, y la cárnica en particular, utilizan el nitrito de sodio como agente contra el botulismo en conservas y embutidos. Gracias al nitrito, muchos alimentos pueden llegar a los distintos rincones del planeta, lugares a los que no podrían llegar frescos. Como se trata de un químico potencialmente cancerígeno y venenoso, su utilización en la industria estuvo siempre sujeta a estrictos protocolos de aplicación, pero nunca nadie lo prohibió.

Norman Robson para Gualeguay21