A lo largo se una jornada soleada y por demás tranquila, la Argentina celebró ayer domingo su primera instancia electoral nacional del año 2019 con total normalidad. Al final de la misma, el país se instaló frente a la pantalla chica a esperar saber que había manifestado el pueblo que votaría en octubre, pero los datos se demoraron exageradamente.

No era para menos, el Gobierno fue sorprendido por guarismos inesperados que lo obligaron a retenerlos hasta tanto pudiera recuperarse. Hasta Kicillof fue preferido por sobre Vidal. Finalmente, el propio Presidente de la Nación enfrentó las cámaras para reconocer que los argentinos lo querían menos que a los Fernández.

Los números en las pantallas fueron más que contundentes: 47 a 32 en favor de Alberto y Cristina. Números muy alejados del empate técnico vaticinado por las encuestadoras y que colocaba al oficialismo en posición ganadora en una segunda vuelta. Un verdadero cachetazo al cambio de país que muchos querían para el futuro. 

De este modo, el kirchnerismo se pone al alcance de la mayoría absoluta que evitaría una segunda vuelta en noviembre y lo colocaría en el gobierno en diciembre.

Matemáticas

Según las cifras provisorias de la encuesta pública realizada durante el día de ayer, de cada 100 argentinos habilitados para votar, la distribución es la siguiente:

•35 expresaron su deseo de que vuelva el kirchnerismo.

•24 manifestaron querer seguir con el cambio.

•12 señalaron su simpatía por otras alternativas.

•4 votaron mal o en blanco.

•25 ni se molestaron en acercarse a las urnas.

O otras palabras, 35 declararon su preferencia por el kirchnerismo, 36 por otras alternativas, y 29 no sabemos que es lo que quieren. Algo no tan diferente de lo ocurrido en las PASO de 2015.

Por otro lado, según se desprende de los comentarios post electorales, la decisión se caracterizó, al igual que en el 2015, por el voto castigo, entonces contra Cristina por la corrupción, hoy contra Macri por los desaciertos en la política  económica, la cual derivó en una profunda crisis, que afectó seriamente la realidad de los argentinos, sin distinción de clases sociales.

Frente a este escenario, el desafío del oficialismo es, sí o sí, salir a recuperar el voto de los argentinos que no valoran su propuesta y creen que la de los Fernández es mejor. Desafío que solo podrá superar con mucha comunicación y resultados económicos concretos. De igual manera, el reto del kirchnerismo es evitar eso.

Por lo tanto, de ahora en más, y hasta octubre, en solo dos meses, el Gobierno deberá demostrarle a los argentinos, con palabras y hechos, el verdadero costo de sacrificar el cambio y de tirar por la borda todo lo logrado, mientras que el kirchnerismo concentrará sus cañones en la situación económica.

En resumen, ayer domingo, Cambiemos recibió un tremendo cachetazo, del cual aún puede recuperarse si sale a defender su propuesta. Caso contrario, puede prepararse para recibir un puñetazo que lo saque definitivamente del ring político.

Norman Robson para Gualeguay21