En el día de ayer domingo, diario UNO de Entre Ríos rescató la tarea de los ferroclubles de Gualeguay y Villa Elisa, los pioneros en la provincia que ya cumplen cuarto siglo de labor y hoy ofrecen paseos donde brotan las emociones.

El recuerdo del paso del tren por las estaciones entrerrianas está anclado en la memoria colectiva de los pueblos. Muchos de ellos nacieron alrededor de las vías y fue la dinámica de este medio de trasporte la que los hizo crecer, llevando carga o pasajeros, achicando las distancias entre las familias que vivían lejos.

Cuando en la década de 1990, cuenta UNO, llegaron las privatizaciones y la mayoría de los ramales desapareció, hubo gente que no se resignó a que en la provincia una obra tan importante cayera en el olvido, y así nacieron los ferroclubes de Villa Elisa primero, y de Gualeguay unos seis meses más tarde. Actualmente son las dos instituciones de este tipo que tienen personería jurídica en la provincia, aunque en otras localidades, como Rosario del Tala, Basavilbaso, Concepción del Uruguay y Concordia, replicaron la idea y trabajan arduamente para lograrlo. 

Anhelando a que un día las locomotoras y vagones vuelvan a unir las ciudades, trabajan hace 25 años de manera sostenida para mantener vivo el legado de otras épocas. Entre otras actividades, ofrecen un paseo en un vagón traccionado por una zorra para que las personas de mayor edad rememoren las sensaciones del paso cansino del tren avanzando sobre los rieles, y que los más chicos, que no tuvieron esa experiencia, puedan descubrirla alguna tarde soleada en la que se dispongan a la aventura.

Son sus referentes quienes se ocupan, a puro esfuerzo, de limpiar las vías, de hacer mantenimiento a las maquinarias, y de difundir la acción para que se pueda sumar más gente, con un módico pasaje que los ayuda a seguir sustentando esta iniciativa.

Oscar Davis, presidente del ferroclub Primer Entrerriano, de Gualeguay, que el año pasado reactivó sus paseos por un ramal desactivado de las inmediaciones de la ciudad, contó a UNO que tras un breve receso retomarán en las próximas semanas el recorrido de siete kilometros que hacen con una zorra y un vagón en el que se acomodan unas 24 personas: "Ahora estamos desmalezando la vía. Los paseos son dos veces por mes y dependemos de si hay buen tiempo. Ida y vuelta dura aproximadamente 40 minutos. La gente realmente la gente está contenta y se emociona con este paseo, y cada vez que termina su recorrido y arriba a la estación estallan en un aplauso", aseguró.

"Lo que la gente quiere descubrir en ese paseo es mucho más que vistas y paisajes: es la sensación que se siente al pasear sobre vías del ferrocarril. Hay quienes jamás se subieron a un tren, no conocen esa experiencia y de ese modo la descubren. Pueden ver la ciudad desde otro lugar, otra óptica, otro punto de vista: sobre un ramal ferroviario que quedó abandonado en el tiempo y que vuelve renacer a través de este emprendimiento", expresó.

"Tenemos una zorra y vamos a recibir otra que la hemos recuperado nosotros", indicó Davis, y confió que albergan el sueño de reactivar La Solís, la primera locomotora a vapor de la ciudad: "Hay un proyecto para restaurar la máquina más antigua del país y que es la que inauguró el ferrocarril Primer Entrerriano en toda la provincia y está acá en Gualeguay. Tiene tanta historia esa locomotora y es una responsabilidad muy grande para nosotros. Sabemos que restaurarla es un proyecto ambicioso y llevará tiempo. Le faltan piezas, pero por suerte de un lado tiene las originales y se pueden hacer las demás".

Por último, UNO destacó que, en su caso, fue a los cinco años cuando hizo su primer viaje en tren, a la estación de Retiro, en Buenos Aires. "Me enloquecía con la locomotora a vapor y a eso no me lo olvido más. Y a los 11 me escapaba de mi casa para ir a otra estación situada a unos 5 kilómetros a observar las maniobras de las locomotoras, y a sus conductores los veía como superhombres: eran grandiosos manejando esas moles. Siempre me atrajo el ferrocarril y un día caminando por Gualeguay me emocionaron los recuerdos, y al ver todo abandonado pensé en hacer algo, y así nació el ferroclub en el año 1994", rememoró por último, con la pasión a flor de piel que comparte con tanta gente que añora lo que generaba en cada poblado el paso del tren, cuando el tañido de la campana anticipaba la partida hacia la siguiente estación.

Gualeguay21