Del 1 al 7 de abril de 2017, Gualeguay vivió una semana que marcó a fuego a su sociedad. El homicidio de Micaela García significó una página negra en su historia, un antes y un después. A dos años de aquello, el fiscal Ignacio Telenta, quien llevó adelante la investigación, recordó lo acontecido para Gualeguay21.

Nos recibió en el escritorio de su casa, en Gualeguay y, entre mate y mate, revivimos aquellos días que mantuvieron en vilo a la ciudad, y al país, hasta su desenlace: el hallazgo del cuerpo sin vida de Micaela en las afueras de la ciudad.

La joven era una estudiante de educación física y una militante social, de 22 años, muy querida en los ámbitos donde se desempeñaba. En la última noche de abril, fue a una fiesta de la Uader en un boliche del centro, de donde, angustiada por problemas con su pareja, se retiró sola pasadas las 5 de la mañana.

En la calidez de su estudio, donde ocupan un lugar de privilegio sus libros, recuerdos del Liceo y su querido River Plate, el entonces fiscal se presta al diálogo recordando las noticias de la desaparición, los desoladores primeros días sin indicios sobre lo que había pasado, y la vorágine de las últimas jornadas buscando a la joven y al sospechoso, ya con una idea cierta de lo que podría haber pasado.

Mientras refrescaba su memoria sobre los detalles, Telenta no escatimaba elogios hacia quienes trabajaron en el caso: Galeano, Olivera, Preiz Casas y Rivaseau, el Jefe de Policía provincial al frente de las pesquisas, la gente que llegó de Paraná para colaborar, el Juez de Garantías Elal, y unos párrafos especiales para su secretaria, la Dra Maite Burruchaga, por su incondicional acompañamiento aportando su visión con perspectiva de género.

De ese modo, el otrora fiscal recordó las búsquedas frustradas, la participación de los amigos y compañeros, los cadetes rastrillando y los buzos en el río, la aparición de un zapato, el testimonio del camionero, el seguimiento por las cámaras, la aparición del Renault 18 Break, el lavadero, las declaraciones de Pavón, la mujer de Wagner, descubrir a Wagner y su prontuario, su huida, los porqués de su libertad, la comisión a Buenos Aires a rastrearlo, la ropa encontrada por sus compañeros, las presiones, el vínculo con la madre y Ehcosor, la captura y el ya esperado final.

Asimismo, resaltó las características del escenario en que transcurrían los días, con ese trayecto desde Tribunales hasta la Jefatura, menos de cien metros a través de la Plaza Constitución, copados por familiares, jóvenes estudiantes y militantes acampando, en una guardia constante a la expectativa de cualquier novedad.

Casi sin querer, entre los dos repasamos, casi día a día, aquellos sucesos que tanto consternaron a Gualeguay. El termo de mate se había secado y solo quedaba preguntarle qué le había dejado el caso, cómo se sentía respecto a su desempeño.

Al respecto, Telenta reconoció que fue "una semana imposible de olvidar", en la cual casi no pudo dormir, y, durante la cual, sufrió la desesperante angustia de no encontrar pistas ciertas, y de no poder darle respuestas a dos padres desahuciados, a la vez que debió tolerar presiones de todo tipo, pero, a pesar de todo eso, pudo mantenerse calmo y hacer todo lo que debía hacer.

Por otro lado, si bien acepta que, desde que está en la Justicia, participó en casos complicados, tanto en Comodoro Py, en causas como la Amia y Micheli, como en Nogoyá, con el caso Gil, y en Gualeguay, con el caso Pereyra, el crimen de Micaela lo desafió con aristas muy particulares, como la angustia de los padres, los reclamos de jóvenes y amigos, las presiones políticas, y los perfiles de los implicados.

Del igual modo, Telenta afirma que no puede obviar el resaltar la excelente labor, compromiso y predisposición de todos los que participaron de una u otra manera en las investigaciones previas y posteriores al hallazgo del cuerpo, tanto a nivel local como a nivel provincial y nacional, gracias a quienes él pudo concluir una buena tarea.

Por último, el fiscal gualeyo señaló que, más allá de lo que después dispuso el Tribunal, lo cual respeta pero no comparte, él insiste en que los argumentos obtenidos y ofrecidos eran suficientes para probar la participación de ambos en el secuestro, violación y homicidio de Micaela.

Ahora bien, más allá de todo lo expuesto, donde se resalta fielmente el correcto desempeño de los agentes del Estado en el caso, no se puede olvidar que los crímenes cometidos por Wagner en su ciudad natal, Concepción del Uruguay, deberían haberlo confinado a prisión de por vida.

Lamentablemente, la falta de presupuesto para un análisis especial de ADN, una sentencia de 9 años en un juicio abreviado cuando se lo podía condenar a 25, la liviandad de un juez de penas que lo dejó libre a los 4 años, y la indiferencia de un fiscal a una denuncia de abuso días antes, confabularon para que Wagner tuviera las libertades suficientes para volver a violar y, esta vez, matar.

De este modo, las deficiencias del Estado fueron responsables de la muerte de Micaela, y, si bien éste pudo hacerle Justicia eficazmente, y se corrigieron otras diferentes cuestiones, la pérdida de una vida es irreparable, y solo pueden conformar las garantías de que algo así no vuelva a suceder. Pero, para eso, todavía falta.

Norman Robson para Gualeguay21