Aurelia y Carlos llegaron a Aldea Asunción, en el interior del departamento Gualeguay, con una mano adelante y otra atrás. Vivían en Zárate. Mayores ambos, la salud les jugó una mala pasada y unos parientes los recibieron. Si bien el Estado se esconde cuando hay problemas, ellos supieron encontrarlo y, con la solidaridad de los vecinos, pudieron salir adelante con un proyecto hortícola.

El proyecto de Huertas Comunitarias dormía en la Junta de Gobierno, ahora Comuna, de la Aldea desde hacía unos tres años. No había interesados. Allí descansó hasta que, hace unos meses, un matrimonio mayor, con un hijo en edad escolar, se ofreció para llevarlo adelante. Gente de trabajo que, por caprichos del destino, se encontraba apremiada económicamente.

El año pasado, cuando todavía vivían en Zárate, a Carlos le dio un infarto, y todo se les vino abajo. Su internación y los cuidados les impedian trabajar, el alquiler se vencía, y hubo que buscar una salida. Finalmente, dejaron la Provincia de Buenos Aires y se vinieron a lo de unos parientes de ella en la Aldea.

En la búsqueda de una salida, Aurelia, que hoy tiene 43 años, vio en Facebook la publicación de la Junta sobre el proyecto de Huerta Comunitaria. De ese modo, con Carlos, que hoy tiene 60 años, se presentaron como interesados ante las autoridades.

Pero al hombre había que operarlo del corazón, así que hubo que postergar un poco la puesta en marcha del proyecto. Gracias a muchos, la pareja, con su hijo de 5 años, pudo superar las contingencias del caso y prepararse para el nuevo desafío. Para ésto, el lugar donde les prestaron para vivir contaba con tierra suficiente.

Finalmente, superado el post operatorio, la familia, asistida por el INTA, y acompañada por la junta, arrancó con su proyecto. Adquirieron las primeras semillas, y se comenzó rápidamente a plantar en una superficie de media hectárea. Ellos mismos, con sus propias manos, levantaron un invernáculo, con baras de acacia, cañas y media sombra, e hicieron almácigos con palets.

El clima también los ayudó y, con mucho sacrificio, y muchísimo trabajo, entre los dos lograron sus primeros resultados. Entre almácigos y tablones, dentro y fuera del invernáculo, maduraron los primeros productos, los que se colocaron fácilmente entre los vecinos.

Hoy, con la presencia de la Junta y el INTA asistiéndolos, entre lo sembrado y lo cosechado, tienen zapallos, calabazas, tomates, porotos, acelga, lechuga, rabanitos, zanahorias, rúcula, maní, cebolla, ajo, zuchini, sandía, melón, batatas blancas y coloradas.

De ese modo, esta gente renació a la vida. Gracias a que nunca se rindieron, gracias a un programa del Estado y a un Estado presente, gracias a la solidaridad de la gente. Un significativo ejemplo de vida, de comunidad y de Estado presente.

Quienes anden por la región, pueden desviarse hasta Aldea Asunción. Allí, detrás del salón comunitario, pegado a la Comisaría, está este emprendimiento hortícola. Allí, cordialmente, serán bien recibidos por Aurelia y Carlos, y, si hay disponible, podrán llevarse algo de lo allí producido.

Norman Robson para Gualeguay21