Mañana viernes viene a Gualeguay Gabriel Leconte, titular del Copnaf. Según trascendió, viene a darle un corte a la lamentable situación actual de acefalía y desorden que impera en nuestro Hogar de Niñas. Realidad que afecta a las internadas, que nada tienen que ver con el desidioso obrar de quienes, por años, regentearon la institución. Pero... ¿Qué hay detrás de todo esto?

No hace mucho se supo que las autoridades del Hogar querían cerrarlo, y por ello culpaban al Copnaf. Pero había que tener una buena excusa, lo cual nunca fue fácil. Hacia finales del año pasado, las relaciones se tensaron tanto entre las autoridades del Hogar y el Copnaf, que se rompieron, y éste último dijo basta.

Gracias a unos pocos flamantes miembros de la Comisión Directiva, se trató de llevar adelante la situación y recuperar la relación con el Estado. Situación esta que, evidentemente, incomodó a la otra parte y volvió a desmadrarse, lo cual derivó, a principios de año, en esta acefalía operativa y técnica que reitera a hoy en día. Todo a espaldas de la sociedad.

Unas semanas atrás, justo antes de que el Copnaf, cansado, viniera a cerrar la residencia, el escándalo tomó estado público y se postergó lo inevitable. Si bien desde entonces la parte comprometida intentó salvar la situación, la otra parte redobló su apuesta y atizó el escandaloso enfrentamiento, tanto en lo interno como en su relación con el Consejo.

En este marco, sucedieron muchas cosas. Primero, desautorizaron a la directora interina puesta por el Copnaf, y, luego, la hicieron renunciar. Después, arbitrariamente, y sin ningún criterio técnico, reingresaron al hogar una joven mayor de edad. Luego, frustraron cualquier intento de incorporar socios apropiadamente. Por último, trasladaron la interna, y el malestar, al interior del hogar, afectando a las promotoras y a las propias internadas, todas inocentes de todas estas miserias y mezquindades.

Todo esto dejó en evidencia que, por un lado, una parte importante de la Comisión Directiva, gente que por años estuvo manejando la entidad, ahora está encaprichada en llevar las cosas a un extremo del cual no habrá retorno y el Hogar se terminará cerrando, tal cual se lo habían propuesto tiempo atrás, mientras que, por el otro, una minoría agota las alternativas para sortear este problema.

De todo esto surgen las preguntas. ¿Qué habrá detrás de ese capricho? ¿Qué será tan importante? ¿Qué podrá importar más que las niñas? ¿Qué podrá importar más que una institución con décadas de reconocido servicio social? ¿Qué será lo que realmente moviliza a esta gente a provocar el cierre del Hogar?

A ciencia cierta, solo se sabe que el Hogar de Niñas lleva años siendo manejado arbitratiamente, y en secreto, por este grupo de gente que hoy imposibilita cualquier solución y lo lleva al cierre. Décadas durante las cuales ésta gente, autoperpetuada en el poder, dispuso discrecionalmente de los recursos recibidos del Copnaf y de las solidarias donaciones de muchos gualeyos. Así como también se sabe que el cierre del Hogar sepultará en el olvido cualquier posible mal manejo del pasado, y una nueva administración, podría resucitarlo.

Por último, queda por saber si la llegada del titular del Copnaf podrá cambiar en algo el preocupante destino del Hogar de Niñas de Gualeguay, o si, por el contrario, firmará su acta de defunción.

Norman Robson para Gualeguay21