La ciudad de Gualeguay cuenta entre su patrimonio con tres lotes sobre el río Gualeguay desde hace más de 50 años. Treinta años atrás, una ordenanza le dio un interés turístico bajo el concepto de reservas naturales, pero, desde entonces, nadie hizo nada al respecto, y, hoy, casi nadie sabe de su existencia. Gualeguay21 realizó una investigación que permitió conocer más sobre estos verdaderos paraísos naturales de los gualeyos.

La Ordenanza 1904 del 7 de agosto de 1990, ante la necesidad de ofrecer al turismo nuevos lugares de esparcimiento que sirvan para incrementar esta actividad, autoriza al Poder Ejecutivo a desarrollar en ese sentido las tres reservas municipales ubicadas sobre el río Gualeguay. En la misma, entre los considerandos, se reconoce que "la Municipalidad de Gualeguay cuenta con predios conocidos como Reservas Municipales" sobre la costa del río Gualeguay, "con grandes extensiones de playas y bellezas naturales", y menciona como tales a La Bolsa, El Minguerí y El Boquerón, todas ubicadas aguas abajo de Paso de Alonso, a mitad de camino entre éste y el Puente Pellegrini.

Pero estas reservas ya estaban registradas cartográficamente en el plano catastral n° 8509, sobre una propiedad que pertenecía a la familia Dalvano. Este mapa del Potrero Norte había sido elaborado entre enero y octubre del año 1966, más de medio siglo atrás, y allí se pueden observar estos lotes, pero con dimensiones que no se condicen hoy con las obtenidas de imágenes satelitales, y, según se pudo saber, ello obedecería al efecto propio de la erosión natural del río sobre sus costas. 

De acuerdo a las imágenes del Google Earth, la reserva La Bolsa comprendería una superficie de 9 hectáreas, con 1.9 kilómetros de costa, lejos de las 30 mencionadas en los documentos. Del mismo modo, El Minguerí comprendería 2.4 hectáreas con 500 metros de costa, y, El Boquerón, 4.4 hectáreas y 500 metros de costa. De este modo, apenas separadas por 700 u 800 metros una de otra, las tres reservas totalizarían una superficie de más de 15 hectáreas con casi tres kilómetros de arenales.

Una inspección visual a estas propiedades permitió descubrir verdaderos paraísos naturales donde impera una vegetación propia del monte virgen, poblada de aves de todo tipo y especie, que observan inocentes la presencia del hombre, sin escapar de él. Un habitat realmente valioso en diversidad emplazado dentro del ejido de la ciudad, a apenas 3 mil metros del centro. A los efectos de ponderar esto, vale tener en cuenta que Paso de Alonso se ubica a más de 6 kilómetros, el Aeroclub a 7 y Puerto Ruíz a más de 8.

Lamentablemente, estas reservas están ubicadas entre el río Gualeguay y un campo privado de casi 300 hectáreas, el cual es necesario atravesarlo, sorteando lagunas, cañadas, montes o pajonales para poder acceder a las mismas. Es por ello que solo se llega a sus hermosos arenales por río.

Por ejemplo, de realizarse las debidas gestiones políticas y económicas, a este complejo de reservas naturales se podría llegar bajando de la Defensa Norte en el Barrio Dunat, y, de allí, seguir hasta el río, bordearlo hasta cruzar la Laguna Larga, y llegar a El Boquerón.

Respecto de las reservas en particular, de la inspección visual se comprobó que La Bolsa, la más grande de éstas reservas, y aquella ubicada más al norte, es una península formada por una curva casi completa del río que hace que, en su istmo, ambas costas estén solo separadas por unos 50 metros. Dentro de ese lote, casi todo es monte cerrado, salvo un par de claros donde abunda la maleza baja, y, sobre la margen este, se despliega una extensa playa de casi 2 kilómetros.

De igual forma, más al sur, El Minguerí, la reserva más pequeña, comprende un tupido monte, similar al de La Bolsa, emplazado sobre una curva del río, donde se despliega todo un arenal, y, aún más al sur, El Boquerón, también comprende una curva del río, con un gran arenal, pero de vegetación mucho más abierta.

Fuera de estas reservas, separadas entre sí por 700 y 800 metros, imperan los densos y altos pajonales, donde deambulan cabezas de hacienda, y no se observan señalas de la presencia de seres humanos. La civilización solo a dejado sus huellas sobre los arenales, a los que el hombre llega por río, y deja sus recuerdos en forma de basura, botellas y restos de fogatas.

De esta manera, quedó registrada la existencia de estas tres riquísimas reservas municipales que, de ser integradas a la ciudad, pondrían en valor significativamente el patrimonio natural de la ciudad de Gualeguay.

Norman Robson para Gualeguay21