La gente de la parroquia San Antonio, consciente de la importancia de sus registros documentales con más de dos siglos de historia, comenzó la ardua tarea de digitalizarlos, de modo de preservar la integridad de esa información para generaciones futuras. De este modo, poco a poco, Gualeguay va rescatando, y perpetuando en medios electrónicos, parte de los testimonios de su historia.

El mes próximo, la ciudad de Gualeguay, una de las más antiguas de la provincia, cumplirá 238 años. Más de dos siglos de historia que encierran el cómo, cuándo y quienes construyeron esta sociedad. Entre los testimonios con que se cuenta para conocer y reconstruir esta historia, nuestra ciudad, al igual que muchas, cuenta con los archivos documentales que se conservan en sus instituciones.

En este sentido, en el caso de Gualeguay, desde hace un par de años, las hemerotecas (archivo de diarios y publicaciones), conservadas por la Biblioteca Popular Carlos Mastronardi y por el diario El Debate Pregón, se encuentran dentro de un programa de digitalización que permitirá perpetuar su rescate.

Pero aparte de esos documentos periodísticos, las sociedades, generalmente, cuentan con otras fuentes documentales históricas: los archivos municipales y los de sus parroquias. En los primeros se registran cuestiones de gobierno, mientras que en las iglesias se conservan, entre otras cosas, documentos sobre bautismos, casamientos y defunciones. Estos asientos documentales, junto con las hemerotecas, encierran hoy todo el pasado de una sociedad.

Cabe recordar que, en el año 1779, en su primera gira pastoral, llega a Gualeguay el obispo de Buenos Aires, Monseñor Malvar y Pinto, quien detectó la necesidad de formalizar la presencia religiosa en la region. Con ese objeto, a su regreso, le pidió al Virrey Vértiz crear la parroquia del Gualeguay Grande, lo cual se aprobó en 1780, con Francisco Andrés de Quiroga y Taboada, un sacerdote español, como primer párroco. Fue a partir de ésto que Quiroga y Taboada, como el estado del templo era deplorable, ubicó un nuevo templo en el Primer Distrito, al norte de la ciudad, y pretendió nombrar como patrono a San Sebastián, pero la resistencia de los pobladores se impuso y fue San Antonio.

En el afán de rescatar sus archivos, y muy conscientes de su importancia, gente de esta parroquia pusieron manos a la obra para rescatar digitalmente su valioso archivo, el cual data de 1781, 2 años antes de la fundación de la ciudad, cuando el templo de San Antonio era apenas un rancho decorado destinado al culto católico. 

Esta tarea, a diferencia de otros casos, la realizan ellos mismos, en el lugar, y con los recursos a su alcance: una cámara digital y una computadora donde descargar las imágenes digitalizadas, herramientas con las cuales capturan y editan cada registro, y lo guardan con un determinado código de búsqueda. Una faraónica tarea que llevan adelante, con la venia del Padre Jorge Leiva, Mariana Perchivale, el Padre Emmanuel Tournoud y Domingo Gómez.

Para poder apreciar el volumen y valor de esta tarea, basta recordar que, desde aquellos tiempos, a finales del siglo XVIII, y hasta mediados del siglo pasado, por la parroquia pasó gran parte de la historia gualeya. En 1802, Juan Castares, inició una colecta, y, en tiempos en que Juan Rosa Millán era el alcalde, el arquitecto Bernardo Lecoq inició la construcción de un templo en 1807, pero la obra se paralizó al poco tiempo. En 1820, en pleno enfrentamiento entre Ramírez y Artigas, soldados hachearon la tirantería para hacer fuego, y las paredes se cayeron. En 1822, mientras uno de los templos estaba destruido y el otro inconcluso, los padres José Acevedo y José Joaquín Palacios intentaron reanudar los trabajos, y lo lograron. En 1836 estuvo concluido y Gualeguay había recuperado un templo digno de sus habitantes.

A pesar de la precariedad edilicia de aquellas épocas, la parroquia San Antonio nunca dejó de mantener sus registros, y, en ellos, sus fieles reflejaron las obras del actual templo, el cual fue inaugurado por el padre Dr. Juan Vilar el 13 de junio de 1882. Lo mismo hicieron con las diversas mejoras, entre las que se destacan, en 1928, el monumental altar en mármol de Carrara, y las verjas del frente, al igual que la mudanza del reloj que estaba ubicado en la torre de la vieja jefatura, y que amenazaba con derrumbarse, a la torre central del templo.

Como se puede apreciar, los archivos de la parroquia San Antonio, aunque en gran parte registran bautismos, casamientos y defunciones, también registran su rica historia institucional, la cual nutrió gran parte de la historia de la ciudad, y en esto radica la importancia de los mismos. El censo de 1803, las colectas para levantar el templo en 1822, y la contabilidad de la parroquia, son solo algunos de los ricos testimonios conservados en estos archivos.

Esto recién empieza, y por delante hay mucho por hacer. La documentación existente puede medirse en metros cúbicos, algo por aquí, otro tanto por allá, ordenada por el Padre Pedro Brasesco, cuando estuvo a cargo de la parroquia. Pero el ritmo de trabajo no lo marcan los tiempos, ni la voluntariosa dedicación de esta gente, sino los recursos, pues no solo se trata de rescatar electrónicamente los archivos, sino, también, de ponerlos a buen resguardo, protegidos de la humedad, el calor, el sol, y de todo lo que pueda afectar la integridad de estos papeles.

Para esto se precisan, aparte del responsable esfuerzo de quienes lo llevan adelante, papeles o bolsas para envolver cada pieza, cajas adecuadas donde guardarlas, y muebles apropiados para su preservación. Elementos éstos que no siempre están al alcance del presupuesto de una parroquia de pueblo.

Mas allá de esto, lo importante es que esa parte de la historia de Gualeguay que está entre esos documentos está siendo salvaguardada gracias al trabajo desinteresado de un grupo de gualeyos, un hecho que debiera ser celebrado, y acompañado, por el resto de la sociedad de Gualeguay, ya que nuestra historia es de todos.

Norman Robson para Gualeguay21