Los caminos son las venas de los pueblos, por donde circula su vida distribuyendo su desarrollo. Si bien el tránsito y el clima son sus principales trastornos, su peor enemigo es la ausencia del Estado, pues es quien debe mantenerlos transitables. De esto pueden dar fe los pueblos del interior del departamento Gualeguay, quienes, desde hace décadas, sufren en carne propia la desidia del poder político. Una realidad que vulnera los derechos de estos entrerrianos y les limita cualquier posibilidad de desarrollo.

Dentro del departamento Gualeguay conviven diferentes escenarios geográficos y sociales donde los caminos sufren de distinta manera los embates del clima y la erosión del tránsito, pero todos tienen algo en común: el abandono del Estado, el cual, desde hace décadas, no se ocupa, ni preocupa, por los entrerrianos de tierras adentro. Parece que las vías de comunicación, indispensables, sino vitales, tanto para la gente como para el acceso a sus derechos, como sus servicios básicos y la salida de su producción, no merecen la atención del poder político.

Foto: Puente sobre arroyo Jacinta, ruta provincial 15

Víctimas de esta realidad vial son los gurises que van a clases y los docentes que van a dictarlas; las mujeres a punto de parir, los enfermos, y los doctores que tienen que atender; los que son robados, o sufren alguna injusticia, y los policías que tienen que proteger; los que tienen que ir a trabajar y los jubilados que tienen que cobrar; las familias que tienen que comprar la mercadería y los proveedores que tienen que entregarla; los productores que tienen que sacar su producción, o traer insumos para la misma, etcétera, etcétera.

Toda esta gente ve vulnerados sus derechos más elementales por la exclusiva negligencia y desidia del Estado, al cual no le importa en absoluto sus derechos, ni, menos aún, sus necesidades básicas. Pero éste no es un problema nuevo, ni lo es solo de los productores, sino que data de décadas atrás y alcanza a toda la población del interior del departamento.

Foto: Aliviadero Camino del Consorcio

El origen del problema

La siembra directa significó un gran paso en la agricultura, pero, a la vez, significó un aumento en el caudal de escurrimiento de las lluvias, las cuales dejaron de ser absorbidas por las tierras, y ese caudal volcó hacia el entramado de cursos de agua que, a la vez, desbordaron hacia el entramado vial.

Esta nueva realidad no fue nunca absorbida por un nuevo sistema de escurrimiento, más grande, o con mayor capacidad, y el agua buscó su curso por donde pudo, tomando caminos o chocando contra estos. Ni siquiera se mantuvieron limpios los canales de escurrimiento, entorpeciendo así un flujo dinámico del agua y potenciando aún más los desbordes. De una u otra manera, todo esto degradó el entramado vial, en especial en las cotas inferiores, ni hablar en esos caminos que se encuentran más bajos que las tierras a sus laterales.

De este modo, la ausencia del Estado redimesionando el sistema de escurrimiento, manteniéndolo, y manteniendo la trama vial, provoca colapsos como los que hoy le toca vivir a los entrerrianos del departamento Gualeguay.

Foto: Puente sobre Arroyo Clé, camino de Lazo a Cuatro Manos

Puntos críticos viales en la zona

Luego de un repaso geográfico del departamento, y de la correspondiente consulta con vecinos de la zona, al día de hoy, pasados 13 días de las últimas lluvias, prevalecen los siguientes puntos críticos que atentan con la calidad de vida de los vecinos:

1. Puente sobre arroyo La Horqueta, entre Lazo y Calderón, Segundo Distrito, hoy aún en crisis, tal como lo estuvieron aquellos sobre los arroyos Jacinta y Desmochado.

2. Camino de acceso a la estancia Cruz del Sur, Segundo Distrito, hoy en pésimo estado por continuo anegamiento.

3. Camino De la Racha, Segundo Distrito, hoy en pésimo estado por anegamiento.

4. Puente sobre el arroyo La Jacinta en ruta provincial 15, Camino de la Costa, Tercer Distrito, hoy aún en obra desde diciembre, y el camino cortado porque a lo provisorio se lo llevó el agua.

5. Camino La Yangonea, Tercer Distrito, hoy en mal estado.

6. Camino de General Galarza a Victoria, Tercer Distrito, hoy en mal estado.

7. Camino de Ruta Provincial 11 al Séptimo Distrito, Séptimo Distrito, hoy en mal estado.

8. Puente sobre el arroyo Clé en el camino del consorcio, Octavo Distrito, hoy aún en crisis como lo estuvieron La Jacinta y El Desmochado.

9. Aliviadero en el Camino del Consorcio, Octavo Distrito, hoy derrumbado y el camino cortado.

10. Camino de Ruta Provincial 11 a Punta del Monte, Octavo Distrito, hoy en mal estado.

11. Camino de Gualeguay a González Calderón, hoy cortado por anegamiento.

12. Camino de los Naranjales, hoy intransitable por huellas.

13. Puente sobre el arroyo Desmochado, sobre ruta provincial 15, Tala, hoy aún en obra.

14. Camino Gobernador Mansilla a Urdinarrain, Tala, hoy en mal estado.

15. Camino de Lazo a 4 manos, Segundo Distrito, hoy aún cortado por anegamiento.

16. Camino de Punta del Monte al Séptimo Distrito, Séptimo y Octavo distritos, hoy cortado en varios sectores.

Foto: Puente sobre La Horqueta, camino de Lazo a Calderón

Foto: Puente sobre arroyo Clé, Camino del Consorcio

Cabe resaltar que casi todos estos puntos críticos del entramado vial no son nuevos, sino que llevan décadas siendo reclamados ante la Dirección Provincial de Vialidad, su par de Hidráulica, y ante cuanto funcionario recorra la zona, tanto por los vecinos, como por las gremiales ruralistas, por los sindicatos docentes, por los agentes de salud y seguridad, y por cuanta entidad intermedia se haya topado con el tema.

También vale remarcar que no ha sido una cuestión de presupuesto, ya que, en muchos casos, no se ha alcanzado a cubrir el presupuesto quedando obras incluidas por hacer, tal el caso del puente sobre el Jacinta.

Conclusión 

En estos tiempos en que los derechos son abordados elocuentemente en cuanto discurso político se pronuncia, la realidad desnuda otra más de las tantas contradicciones que caracterizan a nuestros gobiernos, donde los derechos más elementales son alevosamente desconsiderados por las autoridades de turno. Las venas abiertas de Gualeguay siguen sangrando ante la indiferente mirada del Estado entrerriano.

Norman Robson para Gualeguay21