El problema de los animales sueltos en las rutas y caminos rurales no es nuevo, ni lo es, tampoco, dentro del éjido urbano de Gualeguay, sea en las rutas que la cruzan, en sus calles rurales, o en su Costanera, solo que se ha ido agravando a partir de la falta de soluciones concretas que den una solución final al problema. La ciudad es grande, los caballos son muchos, la proporción de irresponsables no es menor, la comuna nunca pudo cumplir con su responsabilidad jurisdiccional, y el peligro hoy sigue latente, especialmente de noche.

Cabe recordar que el éjido de la ciudad de Gualeguay encierra una superficie de casi 100 kilómetros cuadrados, de los cuales una proporción importante, más de la mitad, es rural, con una creciente densidad poblacional, y, por consiguiente, con un denso entramado de frecuentadas calles. De este modo, a los 20 kilómetros de rutas que la atraviesan, entre provinciales y nacionales, y otros tantos kilómetros de caminos rurales, se le suman unos 140 kilómetros de calles rurales.

Por otro lado, el caballo, a pesar del paso de los años, sigue íntimamente ligado a los quehaceres y costumbres locales, en especial en ese sector rural, aprovechados en actividades que van desde la tracción a sangre, para la recolección informal de residuos, hasta la propia cría, como inversión, pasando por los hornos de ladrillo, para los pisaderos, las competencias deportivas, para carreras o polo, para el tradicionalismo, o para paseo. Aunque no se pudo saber a ciencia exacta la existencia, una recorrida por las chacras permite apreciar que no se trata de una población despreciable, ya que, después del perro, es el animal doméstico más frecuente.

Si bien muchos hacen una tenencia responsable de los animales, en contención, cuidados y alimentación, muchos otros no, sea por imposibilidad económica o sea por necio desinterés. De este modo, en especial en invierno, cuando falta el pasto, no son pocos los que sueltan sus animales "a la calle" para que se alimenten. En algunos casos, atados, y, en otros, con alguien que los cuide, pero, en muchos, quedan librados a la buena de Dios.

Como soltar los animales ha estado prohibido desde hace mucho tiempo, por normativas nacionales y comunales, quienes sueltan sus animales, sean caballos o vacunos, no acostumbran identificarlos con marca alguna, no solo por el costo tributario que eso significa, sino por la responsabilidad civil que eso involucra en un potencial accidente. También alienta la no identificación de los animales que no hay controles y, de haber un decomiso, las multas no son caras, y basta para recuperarlo el testimonio de dos testigos.

En este escenario, las normativas vigentes eran las siguientes: el inciso s) del artículo 48 de la ley nacional de tránsito 24.449, establece que está prohibido dejar animales sueltos, mientras que en el inciso e) del artículo 12 de la ordenanza 1.824/88 de la ciudad de Gualeguay establece que está prohibido darles de comer o atarlos. Esta misma ordenanza normaliza el tránsito a caballo por las calles de tierra exclusivamente. Del mismo modo, la ordenanza 1.624 de 1976 fue reformada por la 2.831 de 2016, la cual, en su artículo 61, prohíbe dejar los animales suelto y establece multas de 50 a 1.000 pesos.

Como se puede apreciar, esta problemática, en términos de competencias y jurisdicciones, y dentro del éjido, es responsabilidad exclusiva de la municipalidad local, la cual ha recurrido siempre, por asistencia, a la fuerza policial, abigeato en particular. Pero, más allá de las normativas, la costumbre hizo que, desde años atrás, ante la presencia de un animal suelto, la Policía de Entre Ríos, a través de la brigada de abigeato, lo secuestraba y los mantenía hasta que el dueño se hacia presente. Como en su mayoría no tenían identificación alguna, se presentaban con dos testigos que daban fe de la titularidad, se les cobraba una onerosa multa, y retiraban el o los animales.

En ese contexto, el decreto 798 de 2018 aprueba un convenio de colaboración entre la comuna y la brigada de abigeato de la policía provincia para la "aprehensión" de animales sueltos en la vía pública , donde la comuna se hacía cargo de proveer un espacio físico donde mantenerlos y alimentarlos, y abigeato de custodiarlos.

Pero los caballos infraccionados se diferencian en mucho de un auto sorprendido sin seguro o de una moto detenida sin espejos. Como primera medida, al labrar la infracción no hay un responsable presente, sea dueño o no. Después, la mayoría de los caballos no tienen identificación ni titulo que permita distinguirlos e identificarlos. Por último, a estos animales no se los puede depositar en un predio y olvidarse, sino que requieren cuidados y alimentación 

De ese modo, cumplir con el control de los caballos sueltos siempre significó un problema, ya que hay espacios donde alojarlos pero no hay quién los alimente, ni con qué hacerlo, ni quien los cuide, a la vez que en los distintos lugares siempre ha habido problemas. Ya ni siquiera hay un veterinario afectado al tema. Pero, mientras Abigeato labró las actas y cobró las multas, la problemática de los animales sueltos estuvo medianamente contenida, pero, por resolución de la Policía de Entre Ríos, el año pasado, se ordenó a las brigadas dejar de labrar actas y que éstas la hicieran los municipales, que eran las que tenían genuina competencia en el tema.

Esto resultó impracticable, ya que las aprehensiones fueron muchas, el proceso legal resultó complejo, y contener los animales fue imposible. Finalmente, ante la incapacidad de mantener los animales secuestrados, terminaron devolviéndolos a sus dueños, quienes ya ni se preocupan por las retenciones. Por ejemplo, en el transcurso del último domingo, se aprehendieron 17 equinos en diferentes circunstancias, todos orejanos, y se los alojó en el predio de la Comisaría Segunda, pero, hoy lunes por la tarde, la mayoría había sido devuelta a sus dueños luego de labrárseles un acta contravencional.

De este modo, hasta que no se disponga de un marco legal adecuado a la realidad del problema, no se cuenten con los recursos humanos y edilicios para la aplicación de las normas, y exista la voluntad política de darle un punto final a esta situación, esta problemática difícilmente sea resuelta. Solo cabe esperar que sea antes de que suframos alguna víctima fatal.

Una idea: disponer un sistema de respuesta ágil a las denuncias de animales sueltos, procediendo de inmediato a su aprehensión y arreo hasta un espacio acondicionado a tal efecto, disponer un sistema de penas que sirva para generar consciencia entre los infractores y, a la vez, obligue a aquellos tenedores informales a "blanquear" su situación a través de un sistema "social" de marcas y guías.

Norman Robson para Gualeguay21