Con la investigación cajoneada en la Justicia Federal, y ahora con la declaración de su fallecimiento, la desaparición de Don Omar Benvenuto consolida su impunidad. A fines del mes próximo se cumplirán 4 años de aquella última vez, y, desde entonces, nadie hizo nada por esclarecer lo sucedido. Solo un mega operativo de búsqueda más mentiras, falsas pistas y escándalos mediáticos, pero nada de una investigación seria que apuntara a descubrir qué había pasado aquella tarde de viernes. Cómo termina la historia.

Medios de la provincia informaron la semana pasada que el 26 de marzo último, la Sala Primera Civil y Comercial de la Cámara de Apelaciones de Gualeguaychú estableció que la competencia en el marco de la causa por "declaración de ausencia con presunción de fallecimiento" de Benvenuto debía tramitarse en el Juzgado Civil y Comercial N° 1 de Gualeguay, a cargo del juez Fabián Morahan, y no en el Juzgado de Familia. Este proceso se había iniciado por la familia a fines del año pasado, una vez cumplidos los 3 años establecidos por el artículo 85 del nuevo Código Civil para ausencias ordinarias.

En el marco de este trámite, cumpliendo con el artículo 88 del Código Civil, el juez Morahan nombró un defensor del ausente, un curador de sus bienes, y lo citó a Benvenuto por edictos, una vez por mes durante seis meses, en un diario local, por su domicilio donde está la planta de Inprocil, y en un diario de Pilar, por su otro domicilio. Este período recién concluirá a principios del año próximo, cuando el juez podrá avanzar según el artículo 89, por el cual, recibida la prueba, escuchado al defensor, y estando todo en orden, podrá declarar el fallecimiento presunto de Benvenuto y fijar el día y la hora en que se presume fallecido, los cuales seguramente serán el 27 de octubre de 2017 a las 20 horas.

Una vez declarada la ausencia y presumido fallecido, Morahan deberá proceder con la entrega de los bienes según el artículo 91, realizando un inventario de los mismos, registrándolos donde corresponda, y entregándoselos a sus herederos, quienes podrán particionarlos, usufructuarlos, pero no enajenarlos, ni gravarlos. Esto, de acuerdo al artículo 92, será así hasta que transcurran 5 años más sin noticias, o que el ausente cumpla 80 años, y recién en ese momento los herederos podrán disponer libremente los bienes.

¿Qué pasó con Benvenuto?

Se trata de una trama que encierra rumores y versiones de los más variados, desde una interna familiar, hasta el manejo csprichoso de la empresa y las repentinas intenciones de venderla, pasando por las costumbres personales del desaparecido y sus vínculos con la política. Pero, más allá de lo mitológico urbano, lo cierto es que en la tarde del 27 de octubre de 2017, el empresario dejó la casa de su madre y nunca más se lo vio. Y eso que se lo buscó.

Era de tardecita y la empleada de la madre lo acompañó con su bolso hasta su camioneta. Antes de despedirlo, el hombre recibió un llamado y respondió: "estoy yendo". A los pocos minutos, lo registraron las cámaras saliendo de la ciudad hacia el norte. Al otro día, su camioneta estaba prolijamente estacionada, e intacta, a pocos minutos de la ciudad, sobre la banquina de la ruta 12, mirando hacia Gualeguay. Las huellas demostraban que, antes de detenerse, había girado en U. El lunes, los perros perderían su rastro cruzando la cinta asfáltica.

Desde aquel día, y por un par de semanas, mientras se rastrillaba la ruta hacia Tala con cientos de efectivos, y sobrevolaban la zona con helicópteros y drones, abundaron los datos falsos: que una enfermera había estado con él en Mansilla, que Erro y Lesca lo tenían en sus campos, que estaba en Paraguay, y que la familia había recibido un llamado de centroamericanos. Al mismo tiempo, trascendieron versiones sobre problemas en la empresa con uno de sus hijos, sobre sus intenciones de vender la firma, y sobre algunos vínculos de negocios en la zona norte de Buenos Aires.

A pesar de todo esto, nada se investigó de la vida de los Benvenuto acá o en Buenos Aires, y, a pocos días de desaparecido el empresario, la familia fue aceptada como querellante en la causa, con acceso a toda la investigación. Pero los desatinos de la Justicia, a propósito o sin querer, terminaron en escándalo, despidos, y con otro supuesto llamado extorsivo, aunque llevaba desaparecido más de un mes. Esto último fue la excusa perfecta para que la causa pasase al juzgado federal de Paraná, a cargo del juez Leandro Ríos. De ese modo, las estrategias judiciales llevadas adelante por el misterioso abogado de la familia, Esteban Español, lograron que la causa se cajoneara, y que nunca más se investigara nada.

Desde entonces, todo quedó librado al paso del tiempo, y, cuánto más rápido pase, mejor. La estrategia fue evidente: dejar que se cumplan los plazos de la Justicia para sepultar esta historia en el olvido colectivo y dejar descansar en paz a Don Omar. Esa paz recién comenzará a llegar el año que viene, cuando lo declaren fallecido; avanzará, más o menos, en el 2027, cuando todos sus bienes, o los que queden, sean liberados a disposición de los herederos; y terminará, finalmente, en el 2029, cuando prescriba ese expediente penal que dice que su desaparición fue un secuestro extorsivo.

Ahora bien, sea lo que sea que hagan o deshagan los jueces, nada ni nadie podrá nunca ocultar que la desaparición de Don Omar Benvenuto fue un crimen urdido y ejecutado por alguien o alguienes, del cual nadie sabe, a ciencia cierta, cuál fue, ni cómo fue, y solo se sabe, sin lugar a dudas, que aún está impune.

Norman Robson para Gualeguay21