En lo que al Hospital San Antonio se refiere, nadie le va a contar nada a los gualeyos. En las últimas décadas, Gualeguay ha sufrido intermitentemente la desidia de sus administraciones, crisis que siempre fueron resueltas, no gracias a los funcionarios de turno, sino a grandes médicos comprometidos con la salud pública, y, sin lugar a dudas, a la bendita Cooperadora y su legado Vasallo. A esta altura del partido, se hace vigente aquella típica frase local: "En Gualeguay nos conocemos todos", y todos saben, de forma directa o indirecta, quienes son el Dr. Gonzalo Jáuregui y la Secretaria Técnica Paola Burgo, y quien es el Dr. Marcelo Osman.

En diciembre de 2008, quien era director del hospital San Antonio de Gualeguay, el Dr. Marcelo Osman, presentó su renuncia, a la vez que los médicos del servicio de Pediatría amenazaron con hacer lo mismo. Nuestro nosocomio estaba en crisis. El por entonces Ministro Ángel Giano, junto a quien era su Secretaria de Salud, Graciela Traverso, bajaron a Gualeguay a apagar el incendio, y, entre Navidad y Año Nuevo, Omar Matorras asumió como director.

Desde entonces a hoy, pasaron casi 14 años, pasaron muchos directores políticos, mientras médicos como Osman siguen en el frente de batalla defendiendo la salud pública de un Estado que la ignora, y lo hacen en precarias condiciones contractuales.

Esto no es una cuestión de defender a uno y atacar a otros. Sin lugar a dudas, los médicos tienen lo suyo, pero en la historia del Hospital San Antonio hay hechos innegables que desnudan la desidia e irresponsabilidad política del Estado. La informalidad laboral, en algunos casos rayana con la precariedad, basta de muestra, pero, si no alcanzara, pueden dar fe la falta de concursos y/o nombramientos, la falta de insumos, el desorden operativo de los servicios, etcétera.

Ahora bien, a pesar de todo esto, siempre, siempre, salvaron las papas los médicos y el resto de los trabajadores. En este sentido, la Unidad de Terapia Intensiva nunca estuvo ajena a esta realidad, a pesar del compromiso con ésta de profesionales como el finado Dr. Mariano Carboni Bisso.

En definitiva, Gualeguay sabe que en la administración del Hospital San Antonio nunca se hicieron bien las cosas, y que nunca se resolvieron viejas cuestiones como la ley manda, y siempre se recurrió a parches para obtener ventajas particulares o para salir del paso. En el gobierno provincial nunca hubo una administración responsable de la salud pública, y las administraciones nunca pudieron o quisieron resistirse a eso, sino que mucha se adaptaron complacientes. Hoy menos que nunca.

Por lo tanto, en toda esta nueva parodia, tan escandalosa como tantas otras del pasado, donde funcionarios serviles a la política, en lugar de hacer lonque deben, se enfrentan con profesionales de probada trayectoria, los gualeyos saben bien de qué lado ponerse. "En Gualeguay nos conocemos todos".

Norman Robson para Gualeguay21