La Provincia de Entre Ríos, como bien dice su nombre, está entre ríos, y El Niño no la perdonó, pero lejos pudo apagarla. Entre Ríos sigue encendida, vigente en toda su dimensión, con todos y cada uno de sus encantos esperando a quienes la visitan año a año, todo el año.

Sus rutas y caminos siguen abiertos, interconectando sus seductoras bellezas y poniéndolas al alcance de quienes quieran vivirlas, disfrutarlas, sin inconvenientes, sin riesgos, sino con toda su cordialidad en cada uno de sus puntos cardinales.

Sus propuestas, sus fiestas, y sus maravillosas bellezas naturales y culturales nunca se apagaron, ni siquiera se opacaron, sino que están prestas, dispuestas, y expectantes, lejos de cualquier contingencia.

Entrando por el túnel, o por los puentes, en Entre Ríos esperan El Palmar, la Abadía del Niño Dios, el Palacio de Urquiza, las tierras blancas de Manauta, las colonias de los gauchos judíos, el Castillo San Carlos, el Molino Forclaz, las sierras de Montiel, las Barrancas sobre el Paraná.

Aguardan allí un universo de rieles y estaciones, de historias y puertos, de artes y delicias, y las leyendas de Garibaldi, de Saint Exupery y de los Kenedy, todo combinado con la tranquilidad de sus Termas y la sana algarabía de sus Carnavales.

Entre Ríos no se suspende por lluvia, sino que está cerca tuyo, lista para recibirte con los brazos con toda su mística, con todo su glamour, con toda su gente linda.

Cámara Entrerriana de Turismo

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