Siendo que, especialmente en nuestro caso, la cultura es el talón de aquiles de nuestra soberanía, establecer por ley su preservación, protección, rescate, difusión y promoción significa una conquista histórica para quienes defienden nuestra identidad y sus tradiciones.

Días pasados, a partir de una iniciativa de Diputados analizada en la Comisión de Educación, Ciencia y Tecnología y consensuada con entidades tradicionalistas de la provincia, el senado entrerriano convirtió en ley una propuesta por la cual se pretende salvaguardar la integridad de la cultura tradicional entrerriana.

La norma establece en sus articulados, entre otras cosas, que se entenderá como "identidad entrerriana", no solo los usos y costumbres transmitidos generacionalmente, desde la diversidad en el origen y la mixtura sino todo lo co-construido desde espacios temporales compartidos, el lenguaje, la historia, las creencias, las leyendas, las manifestaciones musicales, danzas, artesanías y gastronomía, así como también la relación del hombre con el paisaje.

Del mismo modo, determina que se considerará "tradición" al conjunto de bienes tangibles e intangibles de carácter patrimonial histórico, de arraigo telúrico y ontológico que se reproduce como folclore vivo, manifestado a través de reproducciones cotidianas, artísticas y culturales de raigambre entrerriana.

De este modo, la ley le pone nombre y apellido a nuestra identidad, a la vez que hace responsable a la Secretaria de Cultura y Turismo de la Provincia de la aplicación de la misma, otorgándole facultades como, entre muchas, la de rescatar, relevar, preservar, promocionar y difundir las actividades culturales; establecer programas académicos, estrechando vínculos con la educación; garantizar el rescate documentado en distintos medios audiovisuales; y la conformación de embajadas artísticas.

Cabe destacar la merecida importancia social y jerarquía política que adquieren nuestra cultura, nuestra identidad y nuestras tradiciones a partir de esta legislación, especialmente teniendo en cuenta la penetración cultural impulsada por la globalización y el consumismo amenaza su identidad, y la proliferación de corrientes fundamentalistas e intolerantes, que las amenazan.

Por otro lado, la normativa que ya es ley ordena, por un lado, estimular el uso de nuevas tecnologías, de modo de modernizar el rescate y preservación, y, por el otro, procurar la asignación de los recursos económicos para el financiamiento de todas sus actividades.

A partir de esto, las diferentes entidades defensoras de nuestra cultura autóctona en Entre Rios tienen el marco legal necesario para obtener del Estado un acompañamiento real y tangible de su misión social. De ahora en más, está en ellas militar y gestionar que lo establecido en esta ley se convierta en hechos concretos que blinden y perpetúen nuestro patrimonio cultural.

En otras palabras, el pingo está ensillado, ahora hay que jinetearlo...

Norman Robson para Gualeguay21