Estos días se conoció la imagen de una mujer desaparecida hace 30 años, cuando era una jovencita, en un barrio de Gualeguaychú, Entre Ríos. Esto surge gracias a que un Juez se desafió a reconstruir el caso, ya archivado y quemado el expediente.

El cielo azul se desvanece con la caída del sol. Todavía hace calor en el barrio San Isidro de Gualeguaychú. La gurisa de 14 años deja la casa de su hermana. Viste una pollera de jean, una remerita negra y unas viejas Topper rosadas. Una nena. Luego de saludar a la vecina, camina alegre las dos cuadras que la separan, entre terrenos baldíos, de su casa paterna. Son las siete de la tarde del sábado 17 de marzo de 1990.

La hermana visita a sus padres a la vuelta de hacer unas compras para el mediodía. Como quien no quiere la cosa, pregunta: "¿Y Susana?". Todos se miran. De esa manera descubren que la gurisa estaba desaparecida desde la noche anterior. Son las diez de la mañana del domingo.

Los Sola son humildes, una familia de las que tienen el perfil perfecto para las mafias de la trata de blancas. Gente vulnerable y sin recursos a la que nadie escucharía. Susana es una inocente gurisa de 14 años, recién desarrollada, que no representaría riesgo, y se incorporaría fácil y rápidamente al circuito sudamericano de prostitución.

Poco se ha hecho en el tiempo transcurrido. Todo termina donde los perros pierden el rastro, en el baldío frente a la casa paterna. Los medios de esa ciudad abordan el tema. Anuncian que el Juez Eduardo García Jurado, el cuarto magistrado en tomar la causa, descarta un posible secuestro y sostiene la hipótesis de una posible huida del hogar por problemas familiares. Pero sin llevarse algo de ropa, ni el DNI. Es el 18 de marzo de 1992.

La pira de expedientes arde en el incinerador. El fuego consume, y deja en cenizas, informes y diligencias de causas archivadas. El Juez García Jurado había leído las últimas diligencias registradas en el caso de Susana. Nada había cambiado. En nada se había avanzado. Había desaparecido sin dejar rastros. Dice que por eso firmó el archivo de la causa. Por eso, todo lo concerniente a la investigación de lo.ocurrido con Susana arde en esa pira de expedientes. La gurisa se había hecho humo, y ahora se hacía humo la investigación. Para no ser menos, la Policía hace lo mismo. Es 2012, y veintidós años pasaron de aquello. ¿A quién le importa?

A la familia de Susana, y a una periodista de Gualeguaychú, Paola Robles Duarte, les sigue importando el destino de Susana. Nunca se dieron por vencidos. A ellos se suma el flamante Juez de Garantías en esa jurisdicción: el Dr. Ignacio Telenta. El mismo que fuera fiscal en Gualeguay, cuando ocurrió el crimen de Micaela García. "Le pido perdón en nombre del Estado. Lo que ocurrió con el expediente de su hermana no debería haber pasado. Pero pasó, y creo que corresponde hacerme cargo de la situación, pedirle disculpas, aunque sean insuficientes, e informarle que voy a ordenar la inmediata reconstrucción de la causa", le dice el Juez Telenta a la hermana de Susana. Es marzo de 2018.

Estos días, a pedido del propio Juez Telenta, la División de Individualización Criminal de la Policía Federal Argentina confeccionó una imagen de cómo luciría Susana hoy, a sus 43 años. La misma se difunde dentro y fuera del país, a la vez que otras medidas tomadas en la causa se van realizando.

"¿Qué sentido tiene buscar una persona perdida hace 30 años?", le preguntó un periodista al Juez Telenta hoy. "Cómo no se va a hacer el intento. Por lo menos, agotar los medios disponibles. Es lo menos que debo hacer", respondió, sin dudar.

Sin dudas, estos párrafos no alcanzan a describir el vía crucis que aún sufre esta familia desde aquel día. Pero ojalá sirvan para que los Gil, Fernanda, Kevin, Seba, Pocho, César, Sergio y Don Omar tengan su Telenta, aunque más no sea, sino para encontrarlos, para encontrar la verdad sobre lo que les pasó.

Norman Robson para Gualeguay21