Si bien no hay datos oficiales al respecto, y los que hay no son confiables, la propagación del covid en la provincia habría crecido exponencialmente en las últimas semanas del año. Fuentes en diferentes ciudades entrerrianas coinciden en señalar al descontrol en la vida nocturna como el origen del rebrote, mientras que referentes del sector comercial y turístico temen nuevas restricciones por parte de un Estado que solo sabe prohibir o liberar, y no controlar.

La provincia de Entre Ríos pasó de tener, oficialmente, 23.927 casos al cierre de noviembre, a 30.983 al final de diciembre, lo que significa que, en el noveno mes de la pandemia, los contagios aumentaron un 30 porciento. Vale resaltar que en este aumento apenas se reflejan las fiestas de Navidad y nada las de Fin de Año. Pero lo curioso de este crecimiento, aunque reservado por parte del Estado, es que habría crecido sensiblemente la cantidad de jóvenes contagiados por el virus.

Todo esto ocurre mientras los sectores comerciales y turísticos vuelven a la vida bajo un estricto cumplimiento de los protocolos después de meses de crisis sanitaria y económica. Mientras crecen los contagios, los prestadores, los comercios, los gastronómicos, los alojamientos y los centros de servicio, luego de invertir para estar a la altura de las exigencias epidemiológicas, comenzaron, de a poco, a recuperar su actividad siguiendo al pie de la letra todas y cada una de las normas.

Esto último, y la supuesta participación juvenil en los casos totales, convalidarían la percepción general de que el origen del rebrote se daría a partir de la vida nocturna, en la cual han proliferado las fiestas clandestinas en jurisdicciones ajenas a los grandes municipios, donde las autoridades no actúan, indiferentes a la gravedad de la situación. Tales los casos de la ciudad de Paraná, donde los jóvenes se juntan de a miles en las islas; o de Gualeguaychú o Concordia, donde organizan "jodas" fuera del ejido; o como en Gualeguay, donde emigran a Galarza porque allí los boliches están habilitados.

De una u otra forma, la juventud se las ha ingeniado para reunirse por horas sin ningún tipo de protocolo.

Más allá de esta actividad clandestina, también es cierto que hay cierto relajamiento en la sociedad en general, la cual apenas cumple con los protocolos de día para entrar a algún comercio, y los olvida casi totalmente por la noche cuando sale a divertirse, donde el distanciamiento, el tapaboca y el alcohol en gel quedan guardados en casa.

Claro está que este escenario surge gracias a la eterna ausencia de autoridades fuera del centro de las ciudades, y, ni hablar, en los ríos o zonas rurales. La media provincial demuestra que mientras algunos intendentes le guiñan un ojo a empresarios, y otros miran para otro lado, la Policía de Entre Ríos parece tener órdenes de no hacer nada, y la Prefectura vive guardada en sus destacamentos.

Ante este cuadro de situación, el Estado provincial, reacio a controlar, ya señala que la proliferación de fiestas clandestinas y reuniones sociales, el relajamiento del cuidado personal, y la generalizada desobediencia de las normas preventivas son las causas del colapso que justificarían una nueva cuarentena. Ya ha demostrado en el pasado inmediato que su universo de medidas son habilitar o prohibir, y nunca controlar, y, para ello, nunca dudó en culpar a la falta de responsabilidad individual de los ciudadanos. 

Es por esto que hoy los sectores comerciales y turísticos temen lo que pueda pasar, ya que un innecesario cierre total significaría una condena a muerte para esas actividades. Innecesario e injusto, ya que esos sectores trabajan prolijamente bajo un apropiado marco de seguridad sanitaria, lejos del problema de las reuniones clandestinas. Tal es el volumen de estas actividades marginales que, en Gualeguaychú, solo para Nochebuena, se denunciaron más de cien fiestas ilegales.

En este sentido, mientras el Ministro Lammens asegura que no va a suspender la temporada de verano, la sociedad entrerriana ya reclama desde estrictos controles en las salidas de la ciudad, de 19 a 0 horas, hasta toques de queda con pases para turistas. Sean las medidas que sean,.las mismas deben ser acompañadas con la presencia del Estado controlando, ya que las actividades comerciales y turísticas no solo no merecen ser cerradas, sino que su cierre significaría el colapso económico para muchas ciudades.

De este modo, el desarrollo de esta situación va acorralando al Estado entrerriano, y lo va obligando a tomar medidas maduras, alineando a todas las ciudades de la provincia detrás de un mismo norte, bajo normas similares, y poniendo a trabajar en ese orden a sus agentes sanitarios y a sus fuerzas en seguridad.

Norman Robson para Gualeguay21