La semana pasada, nuevamente, una joven decidió quitarse la vida, y el complejo tema del suicidio se instaló otra vez en la comunidad consternada. Todos se preguntaron qué los lleva a eso y si no hay forma de evitar tantas pérdidas. No es mucho lo que se dice, pero todos coinciden en que es necesario instalar el tema.

En este nuevo caso, se trató de una joven de 20 años, madre de tres hijos, con antecedentes de haber atentado contra su vida, y que, por ello, estaba siendo tratada. Pero a éste le preceden muchos, demasiados, sin distinción de edad o género, todos consternantes.

A los efectos de abonar el debate, Gualeguay21 rescató conceptos sobre la problemática del suicidio de la Organización Mundial de la Salud, de Unicef, y del Ministerio de Salud de la Nación Argentina que puedan servir para elaborar consciencia sobre el tema.

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se suicidan casi un millón de personas, lo que supone una tasa de mortalidad global de 16 cada 100 mil, lo que significaría, para Gualeguay, unos 8 por año, media de la cual no debemos estar lejos.

Del mismo modo, esa entidad destaca que, en los últimos 45 años, las tasas de suicidio han aumentado en un 60 por ciento a nivel mundial. De acuerdo a estos índices, el suicidio es una de las principales causas de defunción entre las personas activas, mientras que, por cada suicidio, unas 20 personas lo intentaron sin resultados.

Vale resaltar que, aunque, tradicionalmente, las mayores tasas de suicidio se registraban entre los varones de edad avanzada, las tasas entre los jóvenes han ido en aumento hasta el punto de que ahora éstos son el grupo de mayor riesgo, tanto en el mundo desarrollado como en el mundo en desarrollo.

Siempre según la OMS, si bien los datos disponibles demuestran de forma contundente que la prevención y el tratamiento adecuados de la depresión y de las adicciones reducen las tasas de suicidio, se recomienda, en especial, reforzar el seguimiento de quienes han intentado suicidarse.

Por último, la OMS sostiene que la prevención del suicidio requiere la intervención de todos los sectores, a la vez que exige un enfoque innovador, integral y multisectorial, con la participación tanto del sector de la salud como aquellos de la educación, del trabajo, de la policía, de la justicia, de la religión, de la política y de los medios de comunicación.

Por otro lado, según Unicef, en Argentina, en casi 30 años, la tasa de suicidios adolescentes se ha triplicado, y es la segunda causa de muerte en esa franja de edad, después de las lesiones de tránsito, siendo más comunes entre los hombres y aquellos con menor nivel educativo.

Respecto de los argumentos que motivan el suicidio de los jóvenes, Unicef identificó tres factores preponderantes en relación con la conducta suicida en adolescentes: la ausencia de personas o instituciones que sirvan de apoyo afectivo, las dificultades de la transición entre la adolescencia y la adultez, y la rigidez normativa como dificultad para flexibilizar las normas morales incorporadas o el padecimiento mental no atendido.

Finalmente, para combatir esta situación, Unicef recomienda sensibilizar a la población con campañas en los medios que busquen informar sin alarmar, promover las organizaciones para la prevención del suicidio, y desarrollar programas en redes sociales para detectar las intenciones, entre otras.

Por su parte, desde el Ministerio de Salud de la Nación se advierte sobre los signos de alerta: Aislamiento, persistencia de ideas negativas, dificultad para comer, dormir y trabajar, desesperanza, llanto inconsolable, repentino cambio de conducta, para prevenirlos mostrando interés y apoyo, respetando las diferentes expresiones de sentimientos, y eliminando prejuicios.

El suicidio no es ni bueno ni malo, destacan, y agregan que tampoco es un hecho delictivo, sino que solo es una situación de sufrimiento.

Del mismo modo, recomiendan, desde casa, la escuela y cada espacio, motivar a las personas para que hablen sobre cómo se sienten, para que tengan amistades saludables, para que tomen decisiones de manera autónoma, para que aprendan a manejar situaciones de estrés y dificultad, para que aprendan a perseverar cuando la ocasión lo requiera y a renunciar cuando sea necesario, para que tengan buena autoestima, y para que desarrollen habilidades e inteligencia emocional para resolver problemas.

Por otro lado, recomiendan, también, tener en cuenta que estar atentos es la forma de acompañar, que el diálogo no es un interrogatorio, sino compartir un momento, que si la persona no accede a realizar un tratamiento no hay que obligarla, sino seguir acompañándolo mientras uno mismo realiza una consulta con un profesional.

Por último, en el sitio oficial del ministerio se recomienda que si se está preocupado por alguien, o se necesita acompañamiento, pedir ayuda a los amigos, a la familia, al Centro de Salud más cercano, a la escuela, al club o a la iglesia.

Norman Robson para Gualeguay21