La olas de calor con temperaturas récor de casi 50 grados en Sicilia, incendios en California, lluvias torrenciales en Europa y nuestro río Paraná en una bajante histórica son solo algunos de los fenómenos climáticos extremos que sufre el mundo por estos días, advirtiéndonos que estámos mal. El último informe del IPCC, el panel de expertos en cambio climático de la ONU, publicado el pasado lunes, fue contundente y señaló nuestra responsabilidad en todo lo que está ocurriendo y la imperiosa necesidad de tratar de mitigarlo, pues, para evitarlo, ya es tarde.

En este sentido, del informe se desprende que la evidencia de que nuestras conductas influyen en el clima ya es abrumadora y no deja lugar a duda científica alguna, lo cual se puede apreciar tanto en el aumento de la intensidad y la frecuencia de estos fenómenos meteorológicos extremos, como en el incremento de la temperatura media. Al mismo tiempo, el estudio resalta que, en el escenario más optimista, ya nada evitará que las temperaturas continúen subiendo hasta, por lo menos, el año 2050.

De todas maneras, esto no quiere decir que este proceso sea imparable o que no se pueda hacer algo para mitigar el impacto del cambio climático, pero, para eso, es preciso que, en las próximas décadas, se produzcan reducciones profundas en las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Cabe recordar que el Acuerdo París, firmado incluso por Argentina en 2015, fijó como objetivo evitar que la temperatura media global aumente más de 1,5 o 2 grados.

Pero este informe del IPCC advierte que, sin mediar acciones contundentes, la temperatura llegará a los 4,4 grados hacia finales de este siglo, nivel solo alcanzado hace tres millones de años  a la vez que señala que muchos de los cambios que se produjeron tardarán siglos o milenios en revertirse.

Si bien este es un llamado de atención para las naciones, es preciso que las bases territoriales de esas naciones vayan tomando real consciencia sobre la situación de emergencia y comiencen a presionar a sus gobiernos y empresarios en el sentido de aplicar medidas concretas que sean efectivas, impactando en un retraso de lo hoy inminente. Es preciso que las dirigencias se pongan los pantalones largos y que, desde la sociedad civil comiencen a militar seriamente las soluciones, sin vedetismos estériles, sino exigiendo políticas públicas de corto y mediano plazo. 

La lucha contra el cambio climático es algo demasiado serio para dejárselo a los políticos, sino que exige el compromiso de todas las comunidades.

Gualeguay21