Los registros oficiales de las carteras sanitarias provincial y nacional muestran que en Gualeguay y Galarza predomina una tendencia a la baja, no así en la provincia, que sufrió un nuevo pico. Igualmente, esto aún no se refleja en la incidencia, donde Gualeguay no ha podido acompañar la baja de Galarza y la provincia. Preocupan índices de fallecidos en los últimos meses.

A lo largo de la historia de la humanidad, siempre hubo rebeldes e inadaptados, y siempre la cuestión fue cómo respondía a eso la sociedad. Para ello, el hombre impuso el orden creando leyes y nombrando autoridades responsables de hacerlas cumplir. El caso del Club Maipú en Gualeguay desnudó un orden público débil que pone en riesgo la salud de toda la sociedad. Cuando este orden no es una política de estado, florecen estas Irresponsabilidades, incompetencias e impunidades.

Ante la disposición arbitraria de los "sobrantes" de vacunas en los distintos centros de salud donde se lleva adelante la vacunación contra el covid, no solo se está alterando el esquema vigente de prioridades, definido según los riesgos, sino que se está inoculando gente más joven, incluso adolescente, para quienes estas vacunas podrían no ser las adecuadas o recomendables. 

De acuerdo a información obtenida de distintas fuentes, quienes no tienen la edad aún para hacerlo, ni pertenecen a ningún grupo de riesgo, ni pueden viajar a Miami, y quieren vacunarse contra el covid, ahora podrían hacerlo, solo tienen que tener algún vínculo con la militancia oficialista y viajar hasta la vecina comuna de Aldea Asunción.

A partir de un seguimiento diario de la campaña de vacunación que se lleva adelante en el departamento Gualeguay en base a los datos abiertos de acceso público del Ministerio de Salud de la Nación, se puede apreciar que el ritmo de aplicación es normal y coherente con el resto de la provincia y el país. Este trabajo, realizado por profesionales locales, permite observar, en detalle, el ritmo y el alcance de la inoculación en el territorio gualeyo.

En la noche del pasado sábado, un conocido local nocturno volvió a ser protagonista de violaciones a la normativa vigente, adicionando este vez una actitud beligerante de parte del rebelde responsable del negocio, quien terminó entre rejas. El hecho causó estupor en la sociedad gualeya y fue comentario recurrente a lo largo del domingo, mientras imágenes de video sobre lo ocurrido eran compartidas de celular en celular.

Eran tiempos de opresión, pero por esas calles reinaba la libertad, la resistencia. Más allá de las fronteras de aquel barrio, ellos no tenían derechos. Los titulares de los diarios solo hablaban de Vietnam y de que el hombre había puesto un pie en la luna, pero nunca de las palizas que ellos recibían de la policía. Aquella noche, se había acabado la paciencia. Fue el 28 de junio de 1969, en el Stonewall Inn, en el 53 de la calle Christopher, en Greenwich Village, en Nueva York. Fue la madrugada en que, cansados, los homosexuales comenzaron a decir basta.

A lo largo de la última semana, la ciudad de Gualeguay ha sido sacudida por la muerte de muchos conocidos, mientras que la población percibe la propagación del virus por la cantidad de conocidos aislados o enfermos. Como contraparte, los números oficiales muestran una nueva caída en los contagios, a la vez que los datos sobre la ocurrencia de fallecimientos, aunque confusos, son preocupantes.

Desde la Municipalidad de Gualeguay informaron un nuevo régimen de disposiciones que, en sintonía con lo dispuesto por Nación y Provincia, alivia las restricciones vigentes hasta la noche del pasado viernes. Sin el decreto correspondiente, que seguro lo harán en la semana, las normas rigen desde el 26 de junio hasta el 9 de julio inclusive. Por su parte, un comunicado de Comité de Crisis advierte peligros próximos.

Un estudio internacional advierte sobre el retraso en el aprendizaje por la suspensión de clases presenciales, el cual se sentirá a largo plazo, cuando los primeros grados serán los que más habrán perdido por la educación remota. Según esta investigación, los alumnos que han perdido medio año de clases presenciales en segundo grado habrán perdido el equivalente a 1,8 años de aprendizaje cuando estén en cuarto año de secundaria.

Las estadísticas sobre la evolución de los contagios de covid que resultan de los números oficiales muestran un cierto alivio, el cual podría responder al impacto de las medidas extremas tomadas, ayudadas por días de intenso frío. De una u otra manera, Gualeguay, así como General Galarza y Entre Ríos, llegan al invierno algo mejor de lo que estaban el mes pasado, aunque muy lejos de poder salir de su condición de alto riesgo.

No se trata de una promoción turística, ni de un viaje previsto, sino de la ciudad que es ejemplo del escenario de violencia al que va a llegar toda nuestra sociedad si no median estrategias políticas comprometidas para corregir el rumbo. Un video de Filo.news aborda la problemática de crimen fácil que sufre hoy la Cuna de la Bandera. Adolescentes absorbidos por la droga y el delito que se convierten en sicarios con escalofriante facilidad.

No son pocas las vidas que están en las manos de los enfermeros de la Unidad de Terapia Intensiva local, donde el rigor y el ritmo no les deja tiempo ni para gritar sus reclamos. Pero ese silencio no es de paz, sino de respeto, es un silencio impuesto por las prioridades de la situación. Hasta que todo explota, desborda. Ayer miércoles por la mañana, los jefes de los enfermeros de la UTI, cansados, presentaron su renuncia a la dirección del Hospital San Antonio. Denuncian persecuciones y maltratos.

Con la educación en crisis desde hace décadas, a partir de la pandemia, y gracias a la discusión planteada sobre presencialidad y virtualidad, los padres comenzaron a asociarse en defensa de la educación de sus hijos. Casi espontáneamente, papás y mamás de Gualeguay, a partir del evidente retraso en el aprendizaje de sus hijos, comenzaron a inmiscuirse en el proceso educativo, lo cual provocó la resistencia del sistema, hasta ahora manipulado exclusivamente por el Estado y los gremios. La lucha, en la que nuestro futuro está en juego, se plantea larga y áspera.

Por si a alguien le quedaba alguna duda sobre cuál es la tétrica realidad que viven nuestros gurises, un repaso por los hechos policiales de la última semana nos desnuda el grado de vulnerabilidad que padecen. Días pasados, vimos los fríos números de las estadísticas, hoy, vemos casos recientes, concretos y cercanos: una banda delictiva, una víctima de violencia, una testigo de violencia, varios contraventores y una víctima de abuso sexual. Estos apenas ejemplifican algo de esa triste realidad.

Como en todos lados, en Gualeguay hay un grupo de personas que respalda todas las medidas adoptadas desde la Municipalidad de Gualeguay, lo cual lo hace corresponsable de nuestra situación actual. A diferencia de cualquier otro, la versión local del COES, llamada Comité de Crisis, carece de cualquier idoneidad o representatividad para intervenir en el ordenamiento de la ciudad para enfrentar la crisis sanitaria actual. Apenas unos pocos saben de salud, la mitad son funcionarios públicos políticamente enfrentados, y Bomberos se retiró del mismo. Ni siquiera existe formalmente.

El inspector, en la función pública, y en el mejor español, es aquel funcionario que es responsable de examinar, investigar, y vigilar el cumplimiento de las normas vigentes. Así lo es en el mundo, menos en Gualeguay, donde hoy la noticia (oficial) es que "el Cuerpo Único de Inspectores refuerza la concientización de medidas", cuando su función es imponer su cumplimiento, con multas y clausuras, tal cual establece la ordenanza de creación. "La gente se nos muere y ellos colocan cartelitos", dijo, indignado, un vecino.

Mis disculpas, pero no hay otro término que describa mejor esa condena. A pesar de tantos elocuentes discursos escuchados sobre los derechos vulnerados de los gurises, y de tanto vedetismo mediático embanderado en sus derechos, la cruda realidad desnuda la hipocresía de nuestros políticos. Una realidad en la cual más de la mitad de los niños están condenados a ser pobres e ignorantes, viviendo en condiciones infrahumanas, y, de estos, muchos a encontrar una salida a sus miserias en la droga, en la prostitución, en la delincuencia o en el suicidio.

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