19 julio, 2024 2:26 pm
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Olor a ausencia

Desde hace mucho tiempo, y mucho de verdad, Gualeguay sufre el avance, desde sus cuatro puntos cardinales, de diferentes olores nauseabundos que arruinan la vida de sus vecinos. Es por eso que, en estos días, nuevamente, sale a reclamar.

Tan grave es la situación que, con mucha frecuencia, obliga a algunos gualeyos a hermetizar su vida en el interior de sus viviendas, privándolos de cualquier pretensión de ventilar el ambiente, ya que cualquier saturación siempre es mejor que la propuesta de los fluidos gaseosos de industrias, establecimientos rurales, efluentes y quemas.
Hasta planear comer en el patio es una timba, ya que el poder disfrutar de un espacio al aire libre depende de la caprichosa decisión de los vientos. Según donde viva uno, pueden invadir la intimidad de su hogar los olores de Soychú, de Soluciones Ambientales, del basural a cielo abierto, de las cloacas desbordadas, de los galpones de pollo, o de improvisados feedlots.
Estas invasiones que alternativamente condicionan la vida de los gualeyos a lo largo y a lo ancho del ejido, y los condenan a adecuar su vida a las flatulencias del progreso, vienen siendo reclamadas por los vecinos desde hace años, casi dos décadas, pero con una particularidad: hasta los gobiernos e instituciones, quienes deberían tomar la iniciativa, solo se limitan a sumarse pasivas a las protestas.
O sea, desde tiempo inmemorial, mientras Gualeguay sufre el embate de diferentes tenores de olor sin que nadie atine a buscar, o imponer, soluciones, sus entidades se limitan a la pasividad del reclamo, y, lamentablemente, muchas veces pervirtiendo la situación. Esto solo ha servido para perpetuarle la tortura a los vecinos, y, de paso, para perpetuar, por un lado, el reclamo de quienes solo quieren perpetuarse reclamando, y, por el otro, la incompetencia del Estado.
De este modo, en casi veinte años, sobran los dedos de la mano para contar las acciones judiciales en ese sentido, todas frustradas, a pesar de que la Constitución Provincial protege a los entrerrianos en ese sentido, porque siempre pretendieron imponer la contaminación.
Hoy está impuesta la idea de que los olores contaminan, cuando todos los intentos de demostrarlo se frustraron, mientras que lo fácilmente demostrable es el hecho de que los olores atentan contra la calidad de vida de los ciudadanos, lo cual está claramente abordado por la ley.
Lamentablemente, la terquedad de los reclamadores de oficio contribuyó a la perpetuación del problema, liderando a los propios vecinos al callejón sin salida de imponer la contaminación, en lugar de a un camino hacia soluciones concretas y sustentables que terminaran con el problema.
El origen de los olores
La reproducción de focos nauseabundos en Gualeguay obedece exclusivamente a la ausencia del Estado en la contención y normalización de la convivencia de los ciudadanos con el progreso y la actividad económica.
Si bien la fantasía popular rápidamente señala la presencia de la corrupción en este tipo de extralimitaciones, y aunque es cierto que en la mayoría de los casos el origen se encuentra en la permisividad del Estado, esta no necesariamente obedece a coimas, sino, en primera instancia, resulta de la simple y necia incompetencia de sus funcionarios.
Por ejemplo, Soychú, una planta habilitada por los mercados más exigentes del mundo, y Soluciones Ambientales, una planta calificada por su prestación ambiental, son los casos más representativos. A ambas se las acusa de degradar el ambiente contaminando aire y río, hecho que nunca fue debidamente probado, mientras que en ningún momento se las acusó de degradar con sus efluentes gaseosos la calidad de vida de los gualeyos.
Por otro lado, el crecimiento desordenado y desproporcionado de la ciudad, sin el acompañamiento del Estado con normas e infraestructura, también tiene sus consecuencias ambientales: Cría animal entre residencias, cloacas y basurales desbordados, etcétera.
En todos los casos el factor común es la ausencia permisiva del Estado haciendo lo que debe hacer: controlar y ordenar, pues, para ello, cuenta con el marco jurídico suficiente.
Otro camino
De acuerdo a todo esto, la problemática de los olores demanda la inmediata intervención del Estado para preservar la calidad de vida de los vecinos gualeyos, obligando a los responsables a corregir de inmediato la emisión de olores, y, de ser necesario, patrocinando contra éstos las acciones civiles pertinentes. Repetir la intolerancia infundada de acusar de contaminación y exigir cierres, como siempre, solo contribuirá a dilatar cualquier solución y extender la condena.
El próximo 27 de marzo, Gualeguay dirá nuevamente basta y se concentrará en la plaza del pueblo contra “la contaminación y los malos olores”, pero si no se señalan de una vez por todos los verdaderos orígenes del problema, y sus soluciones, el objetivo se esfumará nuevamente y los gualeyos seguiremos sufriendo la hedionda condena del capricho de los reclamadores de oficio.
La Constitución de la Provincia de Entre Ríos, en su artículo 22, dicta que “todos los habitantes gozan del derecho a vivir en un ambiente sano y equilibrado, apto para el desarrollo humano, donde las actividades sean compatibles con el desarrollo sustentable, para mejorar la calidad de vida y satisfacer las necesidades presentes, sin comprometer la de las generaciones futuras”.
Tal es el alcance con que se ha dotado a la carta magna provincial en este sentido que, en el artículo 240, una larga lista de incisos establecen las competencias de los municipios. El inciso 21 describe los ámbitos en que pueden ejercer el poder de policía, entre los cuales el punto g determina que la municipalidad “podrá ejercer acciones de protección ambiental más allá de sus limites territoriales en tanto se estén afectando o puedan afectarse los intereses locales”.
La Constitución entrerriana nos defiende bien de los olores, obliguemos al Estado a respetarla y defendernos.
Norman Robson para Gualeguay21

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