20 julio, 2024 11:26 pm
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A vos te llamo

La palabra “vocación” viene del latín, y significa “llamado”. Hay un llamado-vocación, que es común a todos, y después algún llamado-vocación particular a cada uno.

El primer llamado común a todos es el llamado a la vida. Dios “nos llama” a la vida. El primer libro de la Biblia (el Génesis) nos relata que Dios creó las cosas por su Palabra: “dijo Dios…” y fue llamando a las cosas por su nombre. También a cada uno de nosotros nos da el don maravilloso de la vida, nos llama a la vida.

 

Pero, además, nos llama para que seamos sus hijos por medio del Bautismo. Así somos incorporados a su pueblo, su familia. San Pablo lo dice de manera muy bonita: “Él nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor”. (Ef, 1-4)

 

A todos nos llama a ser santos. La vocación a la santidad no es exclusiva para unos pocos sacerdotes y consagrados. Todos los que somos hijos de Dios somos llamados a desplegar en nuestra vida las cualidades del Bautismo.

 

Hay un dicho popular que dice “de tal palo tal astilla”. Esto se puede aplicar perfectamente a la vocación a la santidad de todos nosotros. Jesús en el evangelio nos pide: “sean santos porque el Padre de los cielos es Santo” (Mt, 5-48) Nos dice el Papa en su mensaje por las vocaciones de este año: “La verdad profunda de nuestra existencia está, pues, encerrada en ese sorprendente misterio: toda criatura, en particular toda persona humana, es fruto de un pensamiento y de un acto de amor de Dios, amor inmenso, fiel, eterno (cf. Jr 31,3). El descubrimiento de esta realidad es lo que cambia verdaderamente nuestra vida en lo más hondo”.

 

Junto con este llamado a la santidad a todos los hijos de Dios, nos viene otro llamado particular para cada uno: laicos/as, consagrados/as, sacerdotes, diáconos.

Hoy rezamos en todo el mundo de manera particular por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada. Lo llamamos el “Domingo del Buen Pastor”.

 

Los sacerdotes nos muestran con su vida la presencia de Jesús. Por medio de los sacerdotes el mismo Cristo bautiza, perdona los pecados, consagra el pan y el vino en su cuerpo y sangre. Ellos nos reúnen en cada capilla, Parroquia o Colegio para acercarnos la Palabra de Dios y formarnos como comunidad cristiana. Ellos traen el consuelo de Dios a los enfermos, los presos, los que sufren.

 

Las consagradas y consagrados nos muestran que su tesoro es Dios y su Iglesia. Por eso entregan la vida entera a su servicio. Son un signo vivo del Reino de Dios. Se dedican a la educación, los enfermos, la catequesis, la misión, la oración.

 

En su mensaje sigue diciendo Benedicto XVI: “Os exhorto con viva solicitud a prestar atención a todos los que en las comunidades parroquiales, las asociaciones y los movimientos advierten la manifestación de los signos de una llamada al sacerdocio o a una especial consagración. Es importante que se creen en la Iglesia las condiciones favorables para que puedan aflorar tantos ‘sí’, en respuesta generosa a la llamada del amor de Dios”.

 

Sumemos hoy nuestra oración para que muchos jóvenes —chicas y muchachos— escuchen la voz de Jesús que los llama por amor a ellos y a su pueblo.

 

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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