20 julio, 2024 10:30 pm
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¡Feliz Pascua!

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

Varias veces Jesús dijo a sus discípulos que venía para “cumplir lo que dicen las Escrituras”. De este modo les hacía saber que su misión era dar cumplimiento a las Promesas de Dios hechas a su Pueblo en reiteradas oportunidades. A los Patriarcas, a los Reyes de Israel y de Judá, por medio de los Salmos, de los Profetas…

Las Promesas de Dios no tienen vuelta atrás, son irrevocables. Él se comprometió a enviar un Salvador, y lo hizo. El día mismo de la Pascua Jesús se aparece en el camino junto a dos discípulos que se vuelven tristes a su pueblo llamado Emaús, y les explica las Escrituras para que creyeran lo que estaba anunciado que el Mesías debía padecer, pero según las mismas Escrituras ¡Dios lo Resucitó!

Dios no abandona a su Hijo, como tampoco se desentiende de nosotros. Cristo resucitó de una vez para siempre. La muerte ha sido vencida por la vida nueva.

El centro de la fe cristiana es que Cristo está vivo. No rezamos a alguien ausente o lejano. Él camina con nosotros. No es sólo un recuerdo que tenemos de una gran persona.

La Pascua celebra que ahora vive para siempre. Y yo también estoy llamado a la vida nueva con Él y en Él. Por eso San Pablo dirá “ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo” porque la vida de ustedes “está desde ahora oculta con Cristo en Dios”. (Colosenses 3,1-3)

El Bautismo ya nos injerta en el Cuerpo Glorioso de Jesucristo.

Esta vida nueva se alimenta con la oración confiada, el amor fraterno en la comunidad cristiana.

La fe es un don de Dios y una respuesta cabalmente humana.

Los anhelos de totalidad y eternidad que tenemos no son vanos. Desear la libertad en plenitud, la justicia social, la fraternidad universal, la paz en el mundo, no son anhelos vanos o meras ilusiones, y menos aún quimeras o mentiras. No son espejismos adolescentes. Son semillas puestas por Dios mismo en el corazón humano y pugnan por crecer y dar frutos.

Jesucristo, muerto y resucitado, es el Señor de la historia. Él comparte su victoria con toda la humanidad.

Él es luz, y en Él no hay tinieblas. Por eso anoche en la Vigilia Pascual y en este día se encienden velas, se bendice agua, se renueva la alegría de ser hijos de Dios por el Bautismo.

En el medio de la noche / encendemos una luz / en el nombre de Jesús”, dice una canción que no porque sí se llama “El Dios de la Vida” y cantamos en las misas cuando celebramos especialmente, como hoy, la resurrección de Jesús por todos y cada uno de nosotros.

En nosotros reconocemos todavía signos de muerte: la mentira, el rencor, el egoísmo, la indiferencia, la violencia, la injusticia. En la Pascua Jesús nos ofrece cambiar de vida. Hagamos un renovado compromiso para vivir según su enseñanza.

 

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