23 julio, 2024 9:49 pm
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Los recordamos

Cuando la muerte nos ha arrebatado a nuestro ser querido, muchas veces sentimos que no podemos seguir adelante.

Nuestra fe tambalea y nuestro espíritu se pregunta ¿por qué la dicha termina en dolor? ¿Por qué el amor tiene su precio en lágrimas? ¿Cuál es el significado de esta pérdida?

 

 

 

Di-s, ayúdanos a vivir con nuestro dolor; a aceptar el misterio de la vida y de la muerte.

Ayúdanos a entenderte. Aun si nuestras preguntas fueran todas contestadas, nuestro dolor no disminuiría, la soledad permanecería más allá de las palabras, nuestros corazones seguirían siendo una ofrenda destrozada.

Di-s, ayúdanos a sobreponernos; a transitar nuestro dolor; a soportar esta larga noche de angustia; a caminar a través de la oscuridad con Fe en el mañana. Danos consuelo; danos valor; ayúdanos a volver y a Renacer a la vida.

Aun en el dolor y la pérdida, agradecemos por la bendición de la vida junto al ser que hemos amado; por los momentos pasados y vividos en intensidad; por la fe que nos sostiene en la hora del dolor y con la esperanza de que este ser tan querido, que no tenemos ya físicamente, permanece en nosotros y en nuestros corazones con una presencia viva.

No es consuelo. No es compensación, ni explicación, ni alivio. Eso es justamentetrascendencia, una nueva dimensión que cómo convivir con la muerte y soportar el dolor ineludible y al mismo tiempo cómo trabajamos la trascendencia de quienes amamos, porque es nuestro compromiso con ello, con la vida a pesar de la muerte. Hacerlos trascender. Que no es por supuesto nada fácil. Tanto los amamos, que nos y se los debemos. Quien renuncia al trabajo de trascendencia del ser querido en el amor, porque desvía toda su energía a sufrir y a doler; hace algo que no permite que quien partió físicamente siga vivo en la trascendencia, en el recuerdo de la memoria y del amor. Ellos trascienden en nosotros vivos, y en la caridad de Di-s.

En el amor, justamente, es donde se da todo. Porque en el amor se nos va la vida y en el amor se nos da la posibilidad que aun sin vida estemos, presentes, unidos o vivos de otra manera.

Porque hay una parte de quienes murieron que vive en nosotros porque los amamos, los seguimos amando y porque los recordamos. No la parte que nosotros queremos, que es la presencia física, pero una parte de ellos trasciende en nosotros.

Ellos ya no están presentes pero se hacen presentes en distintas cosas. Es un entrenamiento, no receta mágica, de inmediato. Disciplina, constancia, ejercicio, paciencia. Hasta que uno empieza este camino que es salir a caminar con el otro. Con el otro que es el que tiene empatía para ayudar. Con el otro que es el ser que falleció y que camina con uno. Entonces uno reemplaza la sombra de la muerte por la compañía, que es que el otro camina con uno. Y no necesariamente porque uno lo pueda agarrar, pero uno siente que va con uno; es como la sombra, una sombra que se proyecta delante de uno. Por eso nosotros recordamos que los llamamos los ángeles protectores. Ángel es el enviado, es algo divino, es aquel que nos acompaña y viene con nosotros. Y acá el término que vamos a emplear nosotros es el invitado. Siempre son invitados ellos. No es sintonizar solo la presencia a la que estamos acostumbrados, sino que es abrirnos a otra dimensión y saber que están con nosotros. Pero no lo demuestra nadie, salvo el corazón de uno.

Efectivamente, yo siento que me acompañan siempre; son ángeles, son guardianes; ellos cuidan el sentido de nuestras vidas y eso nos da fuerza y protección. Es lo mismo que hace la luz. La luz nosotros la encendemos porque los recordamos, el alma se equipara a la luz y el alma es espíritu, la materia es lo que se pierde. La vela se consume pero la luz ilumina. Entonces el desafío es así: encender luces; los que queremos ayudar iluminados por la luz de ellos. Ellos justamente van a encender nuestra luz.

Seguramente la bondad y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida y de nuestra muerte cuando habitaremos la casa del Señor para siempre.

Recordamos con dolor a aquellos a quien la muerte quitó de nuestro lado. Pertenecen ahora al tesoro de la vida eterna. Son nuestros hijos o hermanos que están en nuestros corazones con todo nuestro amor. Los recordamos ahora con reverencia.

Oh Di-s, Tú que no olvidas, te pedimos: ayúdanos a recordar a nuestros seres queridos.

Ya cuando sale y se pone el sol los recordamos…

Cuando sopla el viento y llega el invierno los recordamos…

Cuando florecen los capullos y renace la primavera, los recordamos…

En el azul del cielo y la calidez del verano, los recordamos…

En el murmullo de las hojas y en la belleza del otoño, los recordamos…

Cuando estamos cansados y necesitamos fuerza, los recordamos…

Cuando estamos perdidos y enfermos del corazón, los recordamos…

Cuando nos alegramos por algo que queremos compartir, los recordamos.

Porque ellos ahora viven tanto como nosotros. Porque son ahora una parte nuestra porque los recordamos y los amamos. Vivirán tanto como nosotros porque son también una parte nuestra en la eternidad.

Rabino Sergio Bergman

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