18 julio, 2024 6:38 pm
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Los Reyes buscan al Rey

Hoy celebramos “el día de los Reyes Magos”. Una fiesta particularmente linda para los niños, pero que contiene enseñanzas muy profundas.

Estos tres hombres vienen de muy lejos buscando al Rey que acaba de nacer.

Pero no buscan a cualquier soberano, sino a uno que será salvador. Ellos intuyen que buscan algo diferente. Por eso, al encontrar al “niño envuelto en pañales” tienen una actitud poco común “entre reyes”: se postran para adorarlo. No intercambian cartas credenciales ni se ajustan a protocolos de palacios.

 

 

Llegan a Belén después de un largo camino que no estuvo exento de dificultades y tentaciones. Cuántas veces les habrá parecido absurdo seguir una estrella. Cuántas veces los habrán desalentado o cargado en el camino. O pensemos también el cansancio, las incomodidades, la incertidumbre. Este encuentro está precedido por una larga serie de fidelidades y aguante mutuo entre ellos. A veces trato de imaginarlos sumergidos en largas conversaciones durante el camino, o importantes silencios en la noche.

Al encontrar al Niño no sienten curiosidad. Simplemente lo adoran.

Esta fiesta de los Reyes se llama “epifanía”, una palabra de origen griego que quiere decir “manifestación”. Es Dios que se manifiesta también a los pueblos paganos.

A la luz de este relato sacamos como enseñanza que para ver al niño Dios hay que desinstalarse y ponerse en camino con otros. Cada uno de los tres recorrió largos kilómetros, pero lo hicieron juntos, ayudándose y alentándose mutuamente.

Lo hicieron siguiendo una estrella. Supieron discernir y dejarse guiar. La estrella era vista por muchos, estaba allí en el cielo. Pero solamente ellos tres descubrieron la vocación para seguirla. Sólo ellos intuyeron un camino hacia algo más pleno.

En ellos encontramos expresadas las búsquedas humanas de la verdad, el bien y la belleza, que culminan en Jesucristo.

El Documento Conclusivo de Aparecida lo dice de manera hermosa: “La misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño. La Iglesia sabe, por revelación de Dios y por la experiencia humana de la fe, que Jesucristo es la respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida y de la realidad, la felicidad, la justicia y la belleza. Son las inquietudes que están arraigadas en el corazón de toda persona y que laten en lo más humano de la cultura de los pueblos. Por eso, todo signo auténtico de verdad, bien y belleza en la aventura humana viene de Dios y clama por Dios” (DA 380).

Volviendo ahora la mirada a las tradiciones de hacer regalos a los niños en este día, procuremos que los Reyes vengan para todos. Especialmente a los niños pobres. En este día se realizan varios gestos solidarios en hospitales, plazas, hogares. Lejos de algunas actitudes consumistas de una parte de la sociedad, hoy somos invitados a estar juntos a los Reyes Magos adorando al Niño de Belén, y acercándonos a los chicos más pobres.

Vamos a acercarnos.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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