20 julio, 2024 9:51 pm
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Todos tenemos vocación

La palabra “vocación” a veces se la ha utilizado para referirse a los sacerdotes y religiosas. Y está bien, porque así es. Pero ellos no son los únicos que tienen un llamado de Dios.

El primer llamado (= vocación) es a la vida y a la fe.

Los laicos también tienen una vocación. Son consagrados a Dios por medio del Bautismo. Son los hombres y mujeres que viven en el mundo, y por su trabajo el estudio, la vida familiar, la vida social… son germen de santidad; construyen la sociedad según la voluntad de Dios.

 

En un hermoso texto de la Conferencia Episcopal Argentina “Navega Mar Adentro”, del año 2003, se nos dice que “todo camino integral de santificación implica un compromiso por el bien común social”. Y concluye: “Nunca hemos de disociar la santificación del cumplimiento de los compromisos sociales. Estamos llamados a una felicidad que no se alcanza en esta vida. Pero no podemos ser peregrinos al cielo si vivimos como fugitivos de la ciudad terrena”. (Nma, 74)

 

Esta semana hemos celebrado el Día del Trabajo. Por medio de él se promueve la dignidad de la persona humana. Tiene un valor muy importante más allá del salario. Pero el salario justo hace también a la dignidad de la persona y el respeto a sus derechos.

El estudio, los amigos, y hasta la diversión forman parte de la santidad. San Pablo escribió: “Sea que comamos o que bebamos, hagámoslo para gloria de Dios”. (1Cor. 10,31)

 

El mundo es querido por Dios. Nos lo confía a nosotros, sus hijos, para cuidarlo, ser felices disfrutando de él.

 

A los laicos corresponde la hermosa vocación política. Pablo VI decía que “la política es una forma eminente de la caridad”. Por medio de la actividad política se ordena la sociedad para alcanzar el bien común, promover la justicia social.

 

El pecado es un desorden en el interior de la persona humana que afecta —incide— en las relaciones del hombre con Dios, con los demás, con las cosas.

Pero ni las cosas ni los demás son malos por naturaleza. Estar en el mundo no es estar lejos de Dios ni en el pecado.

 

Los cristianos están llamados a construir la sociedad según el querer de Dios. Cada uno en su trabajo. Pero también sanando las relaciones sociales. Participar en el barrio, el club, la cooperadora de la Escuela, alguna organización social, son algunos de los tantos caminos para lograrlo.

 

En el Documento Conclusivo de la Asamblea de obispos de América Latina realizada en Puebla de los Ángeles (México) se dice que los laicos son “Hombres de Iglesia en el corazón del mundo y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia”. También están llamados a construir la comunidad cristiana como catequistas, voluntarios de Cáritas o en algún movimiento. Ellos son caminos excelentes de crecimiento en la fe.

La fe debe alimentarse en la comunidad cristiana y expresarse con el testimonio de vida cotidiana.

 

Todos tenemos vocación, porque Dios nos llama. Nadie queda afuera de su corazón.

Es bueno preguntarnos: “¿qué lugar pensó Dios para mí en este mundo? ¿Cuál es mi misión? ¿Cuál es mi vocación?”.

 

Muchos de estos laicos y laicas que tienen vocación de construir una sociedad más justa para todos están reunidos en Santa Fe en un encuentro de formación para Nuevos Dirigentes promovido por la Pastoral Social Nacional. Gracias también a ellos y a tantos otros que abrazan la construcción del bien común como objetivo en sus vidas.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de Comisión de Pastoral Social

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