12 julio, 2024 2:13 pm
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Ya está cerca

Cuando hacemos un viaje un poco largo en auto o colectivo, desde que partimos estamos pensando en llegar. Y es natural que así sea, ya que cuando nos proponemos una meta, queremos alcanzarla. Y cuando ya falta poco, vamos disfrutando por anticipado el encuentro con los amigos, o lo que tengamos planeado hacer.

El camino del Adviento que estamos recorriendo hace un par de semanas, nos lleva a la Navidad, y cada vez falta menos para llegar a la celebración de nuestra fe, y eso nos pone contentos.

 

 

 

Una de las lecturas que se leen hoy en la misa está tomada del Profeta Sofonías, quien predicó unos 630 años antes del nacimiento de Jesús. En ese tiempo el pueblo de Israel estaba dominado por el Imperio de Asiria, y se había instalado en ellos la idolatría y la corrupción generalizada. El profeta defiende a los pobres que son oprimidos y tratados con injusticia. No se les paga el salario que corresponde, tienen largas jornadas de trabajo. También se extorsiona por medio de impuestos usados para mantener ejércitos extranjeros. Pero no se contenta con denunciar los pecados de los poderosos; tiene también buenas noticias: “¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal”. (Sofonías 3, 14-15)

Este tercer domingo de Adviento se llama “de la alegría”, justamente porque “falta poco” para la gran fiesta de la presencia del Señor en medio de su Pueblo.

En tiempos de Sofonías había muchos motivos para quejarse levantando la voz. El profeta eligió tres actitudes que nos pueden servir también hoy:

1) Denunciar el pecado, (llamar las cosas por su nombre), hoy diríamos “al pan, pan, y al vino, vino”. Es un llamado a no caer en ambigüedades ni justificaciones mediocres. La corrupción, el soborno, la mentira, la violencia, son contrarios al Evangelio y perjudican especialmente a los pobres. Hoy como el profeta debemos ser claros y denunciar que hay esclavitudes que oprimen a los más vulnerables: La trata de personas y el sometimiento para la explotación sexual o laboral irrumpe gracias a una cadena de complicidades, sobornos y amenazas. Como lo hemos visto en el desarrollo del juicio por el secuestro de Marita Verón, las mafias operan con colaboración de fuerzas de seguridad, funcionarios de los gobiernos locales, y miembros de poderes públicos, aunque hayan absuelto a los 13 acusados. La adicción a las drogas, el consumo de alcohol a edades cada vez más tempranas, la expansión continua de ofertas de juego de azar. La corrupción pública y privada. Los negociados inmobiliarios de comprar barato y vender caro… ¡Cuántas cosas diría hoy Sofonías!

2) Anunciar una buena noticia de cercanía de Dios. Los cristianos no somos profetas de calamidades sino de esperanzas en el Amor de Dios, hecho experiencia en la vida. No es un amor idílico ni inventado. Es encarnado. Y nos lo muestran montones de voluntarios de Cáritas, visitadores de enfermos y solos, catequistas en las cárceles, misioneros… Hay mucha gente buena que hace el bien. Vos también podés ser uno de ellos.

3) Cercanía con los pobres, los que sufren, los pequeños. El profeta se hizo bien cercano a aquellos por los que Dios tiene un cariño particular. Nosotros debemos hacer lo mismo. Debemos cuidarnos de una “fe” de sacristía que no compromete la vida. Una “fe” que queda reducida a un sentimiento intimista sin abrirse en amor a los hermanos. 

¡Vamos que ya viene!

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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