Claro que en la sociedad, como en la ciencia y cuanto ámbito de conocimiento o trabajo existe la contradicción, así como la concepción de uno se divide en dos, que son absolutas a la hora de intentar un tratamiento científico de cualquier cuestión.
El problema entonces son las contradicciones que tienen una base real y las que se “crean” para un objetivo que, para sus víctimas, la enorme mayoría del pueblo, es espurio, oculto. Contradicciones, por otro lado, que de algún modo existen, pero se magnifican hasta transformar la realidad, poniendo todo patas arriba.
Así puede llegar a “entenderse” que sea aceptado con naturalidad que un prepotente imperialista ande bombardeando a quienquiera considere su “enemigo” aunque se encuentre del otro lado del mundo.
Así operan en países dependientes, como el nuestro, los agentes de esos intereses entrelazados con los intereses de personas del propio país que se identifican más con las potencias que con su país, su nación, su pueblo, pese a que son designados o se encaraman en el poder en su representación.
Por eso necesitan trastocar la realidad y agitar “demonios” y/o “grietas”. Para que puedan seguir pareciendo, con la notoria ayuda de “opinadores”, “panelistas” y otros especímenes, lo que no son.
En los 70, la teoría de los “dos demonios” fue utilizada para justificar el golpe de estado de 1976, donde periodistas como los Neustadt y los Timmerman (Verbitsky no era ajeno a esto) contribuían con posiciones “progresistas” a crear el clima del golpe. Todos sabemos que montoneros fue una organización que funcionó en paralelo con el ejército, que su máximo líder, Firmenich, era oficial de inteligencia, probado, si hacía falta, por el indulto simultáneo de Carlos Menem y aceptado por ambos “contendientes”. Si no, no hay como entender el acuerdo de Cámpora-Solano Lima con Lanusse proscribiendo a Perón, el asesinato de Rucci, el error político de Perón de organizar la triple A, y la expulsión de los “imberbes que gritan” de la plaza el 1 de Mayo de 1974. Por eso también, tanto para Montoneros como para el ejército golpista, el blanco era el mismo: el gobierno de Isabel Perón.
Operaban para una superpotencia, nueva, por eso el disfraz “progre”, potencia que Mao Tse tung denominó “socialimperialismo”, en disputa con la vieja, los yanquis, que también tenía sus “operadores”.
Los que pretenden utilizar para sus intereses esta aberración, hablan de un supuesto enfrentamiento, y para eso tienen que negar que los protagonistas de un bando eran obreros, mujeres, gente del pueblo, secuestrada, torturada, violada, bebés apropiados por decenas. Todo para imponer la entrega nacional en recursos y endeudamiento que hicieron esos criminales.
Y en este siglo, en su segunda década, aparece la hija de los “dos demonios”: la “grieta”.
Si hacemos uso de una visión aséptica, podemos decir que ambos conceptos referencian dos sectores de un cierto grado de antagonismo. O contradicción.
Como una imagen de esta idea, uso para ejemplificar el “cuentito” de Lanata en el programa Intratables de que una persona le pide a un cura que lo perdone y el cura le dice que con el perdón de él solo no alcanza, y se “perdonan mutuamente”. Las víctimas del terrorismo fue gente inocente. ¿Cómo va a perdonar un torturado y asesinado? Ese es el “periodista estrella”, bregando por crear corriente de opinión para “cerrar” esa “grieta”, grieta falsa, creada por ellos para ocultar. Entre otras cosas, ocultar que el golpe y los que siguieron llevaron a la Argentina que tenía un PBI per cápita de la mitad del de EEUU a menos de un cuarto hoy. Ocultar el bestial endeudamiento, que condena a generaciones a seguir pagando una plata que en lo fundamental fue robada en la dictadura y luego legitimada y ampliada por los sucesivos gobiernos hasta el presente, con el breve Default desde el 2002 hasta 2005 que fue fundamental en la recuperación de nuestra economía en aquel momento. Ocultar que para eso se hizo una política de estado, criminal, antipatriótica y proimperialista.
Y como en esto no hay inocencia, la “grieta” pretende consolidar que las dos opciones entre las que hay que optar son las predominantes electoralmente, pretendiendo cerrar el paso a la construcción de una corriente popular que transforme de raíz nuestra patria, que corte de cuajo la brutal dependencia que nos lleva a apoyar el belicismo imperialista a cambio de que nos compren algunos limones, que nos lleva a ver el país inundándose por el “modelo” productivo, (que consiste en lo esencial en producir comida para los chanchos chinos, mientras decenas de miles de compatriotas carecen de los más elemental y son hostigados por sus reclamos) a la vez que traemos trenes y hasta casas prefabricadas para que nos sigan comprando. Esa dependencia “honra” entre otros, los métodos de la década infame de “comprar a quién nos compra”.
Y la deuda. La deuda “eterna”. Como diría don Scalabrini Ortiz, condenándonos a ser esclavos del interés compuesto.
Para eso y muchas cosas más de similar calaña, los sobrados de privilegios, los integrantes de las clases dominantes, construyen “demonios” y generan “grietas”.
Jorge Temporetti, Contador Público y docente

2 abril, 2026 2:36 am/
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