Se trata de una enfermedad virósica que solo es transmitida por un mosquito y fue descubierta en Tanzania en 1952, pero su presencia en América es muy reciente, ya que los primeros casos datan del año 2013. Los mosquitos transmisores son las hembras del Aedes Aegypti y del Aedes Albopictus, las cuales también transmiten la fiebre amarilla o el dengue, pero en nuestro medio solo se encuentra la especie Aegypti, y la transmisión solo se da a través de la picadura. Los síntomas más comunes son la fiebre y el dolor intenso en las articulaciones, aunque pueden manifestarse otros, dolores musculares y de cabeza, náuseas, cansancio, y erupciones cutáneas.
Respecto de su tratamiento clínico, al no existir ningún antiviral contra este virus, éste solo se enfoca en aliviar los síntomas con antipiréticos y analgésicos, como paracetamol, a la vez que se recomienda mucho líquido y reposo. Del mismo modo, se recomienda no tomar ácido acetilsalicílico, ni antiinflamatorios, ni esteroides, pues pueden aumentar el riesgo de hemorragias.
Por todo esto, la forma de combatir esta enfermedad es atacando al mosquito, lo cual se realiza a nivel particular, en cada vivienda, y a nivel público, por las autoridades territoriales. En lo particular, se debe eliminar todo aquello que pueda acumular agua, renovar continuamente aquellos que no se puedan eliminar, como floreros y bebederos de mascotas, mantener lo más limpias posibles todas las superficies de la casa, usar repelentes, y, de haberlas, cubrir las cunas con un mosquitero.
Por el otro lado, en lo público, se deben tomar medidas dónde surgió el caso, fumigando en todos los espacios comunes alrededor, a la vez que se va casa por casa consultando sobre la presencia de algún síntoma e instruyendo sobre las medidas de prevención particulares. Al mismo tiempo, en intervenciones puntuales, o a través de los medios, se debe llevar adelante una campaña de prevención sobre esta enfermedad y su transmisión.
Por último, cabe remarcar que el porcentaje de mortalidad del chikungunya es muy bajo, y aquellos pocos existentes estuvieron relacionadas con el padecimiento de otros problemas de salud preexistentes. La mayoría de personas que se contagian con este virus se recuperan sin secuelas, aunque, en algunos casos, los dolores en las articulaciones pueden durar mucho tiempo, a la vez que hay casos en que los síntomas son tan leves que pueden confundirse con los de otra enfermedad.
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