Malvinas: Cuatro gualeyos en la última gran batalla

 

“Batallón Número 5 de Río Grande, Tierra del Fuego; Infantería de Marina. De acá estábamos Paredes, yo y Larrivey en el mismo batallón”, empieza la entrevista Pedro Fiorot, y señala que no sabían que iban a Malvinas: “No. Nosotros estábamos para venirnos de baja, ya vestidos de civil. O sea, algo sabíamos pero no sabíamos que iba a ser para tanto, que iba a ser una guerra, que íbamos a tener que ir allá”.

 

“Fue una sorpresa. Había movimiento en el batallón que no eran habituales en el BIM 5. El 2 de abril a las 6 de la mañana hacen un “toque de queda” y bueno… de vuelta a vestir la ropa verde. Yo justamente ese día 2 tenía vuelo a Buenos Aires, ya me venía de baja. Yo había ingresado en el BIM 5 en el año 1981 y bueno, como uno cuando jura la bandera la jura hasta perder la vida, y el juramento de bandera quedás bajo bandera 10 años, estaba la obligación de ir a Malvinas”, cuenta Paredes.

 

La fuerza combinada inglesa estaba compuesta por un batallón de guardias escoceses, un batallón de gurkas, un batallón de guardia galesa, un batallón de paracaidistas y fuego naval y de artillería que por más de cuarenta días martillaron las posiciones defendidas por el BIM 5. Esta fuerza inglesa tenía como objetivo atacar la línea defensiva de colinas que cercaban Puerto Argentino: Harriet y Longdon, Dos Hermanas, Tumbledown y Sapper Hill.

 

“Llegué el 8 de abril a Malvinas y el 9 hice un reconocimiento de la zona, del lugar donde me tocaba”, cuenta Paredes. “Era jefe de pieza y apuntador de cañón 105 sin retroceso así que me tocó la ladera Williams, frente al Monte Dos Hermanas. Como el cañón mío era antitanque me tocó esa zona de ahí. Una vez que tuve la zona marcada ,que fuimos en helicóptero y después llevamos la cañones ahí, bueno, a convivir a diario con el bloqueo que hacían los ingleses de noche. De noche, a las cinco de la tarde en Malvinas ya es prácticamente de noche”.

 

Una vez en Malvinas, Fiorot fue trasladado a Puerto Argentino y “el mismo día, directamente, a posición, siete kilómetros de Puerto Argentino en una colina llamada “Sapper Hill” que, supuestamente, se sospechaba que iban a desembarcar por ahí.”, cuenta el veterano. “Mi tarea era de patrullaje frente al mar en la colina. Nosotros, esa colina fue la que sufrió el bombardeo más grande de la guerra por parte de la base naval. El primer bombardeo fue en el aeropuerto y en esa colina. Esas noches eran de terror, un horror. Bombarderos continuos de los buques y nosotros teníamos un radar de ejército que habían puesto en esa misma colina que era al cual le tiraban y la ligábamos nosotros que estábamos al lado”, relata Fiorot.

 

“Primero empezaron con el bloqueo”, cuenta Javier Paredes. “Ellos hacían bloqueos de dos horas, hora y media para mantenernos despiertos, para ir ablandándonos. Y hasta el 10 de junio es una gran realidad que Malvinas se ganaba, no es un verso. Hasta el 10 de junio Inglaterra no había hecho “cabeza de playa”, o sea, no había pisado tierra de Malvinas. Cuando llega el Papa la Fuerza Aérea no da más apoyo a la Infantería de Marina, a la parte del ejército ahí en tierra y ahí ellos empezaron a desembarcar y ahí empezaron a avanzar sobre Monte Longdon, donde ahí cubría el BIM 5 toda esa zona de Monten Longdon, Sapper Hill, Monte Dos Hermanas, Williams. Ellos avanzaron en la noche, nosotros le quitamos de nuevo la posición y ahí luchamos, luchamos hasta la última munición en el BIM 5”.

 

En la tarde del 13 de Junio los ingleses realizaron un ataque que fue rápidamente contenido por fuego argentino: “La fracción enemiga fue frenada con una barrera de fuegos muy precisa, ella los desconcertó y antes que pudieran pensar, le colocamos otra a sus espaldas. No podían moverse y allí pasamos a fuego de eficacia, el resultado fue muy cruento pues la concentraciones de artillería y de morteros, eran muy precisas y contundentes. Prácticamente dos horas después del inicio de la acción, el Jefe de la Compañía “Oscar” me pedía, “Señor Comandante, detenga el fuego, no queda nadie en pie y los gritos de los heridos empiezan a afectar a nuestra propia tropa”, relató Carlos Robacio Comandante del Batallón de IM Nº 5. en su escrito “El Batallón de Infantería de Marina Nº 5 (BIM 5). La campaña de las Islas Malvinas”.

 

“La eficacia se notó, hoy es historia, que allá en Malvinas los ingleses buscaban ese batallón que les había echo frente”, dice Paredes y agrega que es “ un prestigio haber estado en ese batallón, donde fuimos condecorados por el mejor combate de Malvinas. Un batallón que fue con 980 hombres, soldados y personal de cuadros, donde fallecieron 12 colimbas y dos suboficiales. Esa es la eficacia del BIM 5 de Infantería de Marina, donde nos enfrentamos a los Ghurkas, tuvimos tres días de combate y luchar por nuestra bandera”.

 

A diferencia de otros soldados argentinos que contaban con poco entrenamiento y hacían el servicio militar en zonas cálidas “la preparación del BIM 5 fue muy eficaz. Ahí en Río Grande en invierno son 20º bajo cero, en Malvinas eran 7º así que estábamos bien preparados y adecuados al clima y a la zona. No es tan así para el colimba que viene del Chaco, de Misiones sin preparación y distintas temperaturas”, explica Javier Paredes. “Nosotros aprendimos mucho de lo que era una guerra en la colimba, en la Estancia “María Behety”, donde yo sabía que cuando el silbido terminaba la bomba estallaba. No era así para el soldado que tubo uno o dos meses de instrucción. Saber compartir, saber cuidar, eso lo llevó al BIM 5 donde estamos”.

 

En cuanto al enfrentamiento, Pedro Fiorot cuenta que “fue bastante duro porque ya se habían rendido los demás pero ellos, con rendición, seguían tirando, y nosotros también, teníamos que defendernos. En ese tiroteo nosotros perdimos un compañero, más uno en el bombardeo y un herido que no hace mucho tiempo que pensé que estaba muerto, y lo encontré en una reunión acá en Entre Ríos”.

 

En sus escritos, el Comandante del Batallón, Carlos Robacio, señala las ordenes que recibió para replegarse: “A las doce recibí por parte del Jefe de Operaciones del Comando Superior la orden de replegarme ‘pues ya la Guarnición se había rendido’. Posteriormente tuve otra intimación y finalmente le ordené nuevamente a mi Segundo Comandante que se replegara hacia Puerto Argentino y entrara desfilando a frente de los efectivos. El BIM5 había finalmente iniciado el repliegue, nos protegimos detrás de la altura de la colina y emprendimos caminando la marcha hacia Puerto Argentino al que llegamos alrededor de 1500 horas. Así entramos a la ciudad, manteniendo en nuestro poder la totalidad de nuestras armas, con toda la tropa encolumnada, marchando a paso redoblado y con el orgullo de haber combatido a la elite de las tropas británicas como nadie hubiera imaginado”.

 

El repliegue, la entrada en Puerto Argentino y el final de la guerra fue un duro golpe para la tropa. Dice Paredes: “Después de los tres días duros de combate, venimos a replegarnos y nos entregamos en Puerto Argentino, el 14 de junio al rededor de las 16 horas. Fue el peor golpe de mi vida: ver cambiar la bandera. Estar formado frente al mástil y ver… Es duro”.

 

Terminada la guerra, ya prisioneros de los ingleses, Pedro Fiorot fue trasladado desde Puerto Argentino para realizar distintas tareas. “A mi de Puerto Argentino me llevaron siete kilómetros más al sur de donde yo estaba en la colina a un galpón donde había proyectiles, a juntar proyectiles, y el trato con nosotros era bueno. Nosotros eramos cinco soldados, no fue malo, incluso nos dieron hasta de comer, nos mostraban revistas”, cuenta el veterano. Paredes, por su parte, relata que “Después del 14 de junio hasta el 20 estuvimos prisioneros de los ingleses, que era colaborar con ellos a levantar los cuerpos…y el primer día fue medio duro. Colaborando con la tropa inglesa y la Cruz roja internacional a juntar los cadáveres. El segundo día compartir un mate y un almuerzo con los ingleses, era muy común en nosotros, donde ellos si vos leés la historia de Malvinas; ellos hacían los bloqueos de combate viernes, sábado y domingo porque los cobraban, eran profesionales; nosotros íbamos por nuestra bandera, esa era una diferencia muy grande”.

 

Volver a Malvinas con bandera argentina es la condición que señala Javier: “yo creo que muy pronto vamos a tener nuestra bandera flameando de vuelta ahí. Hoy volver a Malvinas…todo el que va a Malvinas lo hace inconscientemente y no sabe el daño que está haciendo, porque sacar un pasaporte dentro de la misma provincia es fulero, no nos damos cuenta, lo que pasa es que por ahí vamos a hacer turismo, vos al sacar pasaporte le estás dando poder legal a los ingleses, con un pasaporte para ir de visita. Por eso la Federación Argentina no recomienda ir a Malvinas. Cuando esté nuestra bandera ah voy a ir, cuando pueda voy a ir”.

 

Pedro Fiorot regresó al continente a bordo del “Bahía Paraíso”, pero pasaron 14 meses hasta que volvió a Gualeguay: “Acá se sabía algo más o menos, pero no … Mi familia, nosotros vivíamos en el campo prácticamente y ellos no tenían mucha información mía. Mis padres me decían que les había llegado la información de que yo estaba en un submarino”.

 

José Paredes regresó en el “Almirante Irízar” hasta Ushuaia; desde donde volvió a su batallón en Río Grande y luego partió en avión hacia Buenos Aires.

 

En total, 30 soldados entrerrianos perdieron la vida en la guerra de Malvinas, según consta en el “Detalle de bajas por provincias” del sitio del Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas de Corrientes.

 

De Gualeguay participaron, al menos, 10 combatientes: Javier Paredes, Pedro Daniel Fiorot, Ricardo Larrivey, Orlando García, Basilio Correa, Víctor Rodríguez, Raúl Ricardo Rébori, Pascual Martiní, Horacio Benítez y Daniel Texera.

 

Cuatro de ellos formaron parte del reconocido Batllón de Infantería de Marina Nº 5, o “BIM 5” : Paredes, Fiorot, Larrivey y Orlando García.

 

A bordo del Crucero General Belgrano combatíeron el Cabo Principal Basilio Correa, quien murió durante el ataque al Crucero y Víctor Rodríguez, que sobrevivió al ataque.

 

También combatieron Raúl Ricardo Rébori, Pascual Martiní, Ángel Ricardo Larrivey y Daniel Texera.

 

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