30 años de democracia y muchas personas no entienden todavía de qué se tratan los derechos y las obligaciones de los ciudadanos.
La democracia y el estado de derecho no son términos totalmente abstractos por el grado de influencia que tienen sobre los ciudadanos, pues otorgan derechos y obligaciones a la vez que los primeros (democracia, estado de derecho) deben ser fortalecidos por los segundos (los ciudadanos).
Desde 1983 los sucesivos gobiernos y sus opositores han hecho uso y abuso de estos términos. Las palabras “democracia, “democratización” y sus derivados son repetidas por políticos y civiles a trocha y mocha incluso a la hora de justificar cualquier distorsión republicana.
Sentimos al debatir sobre esto para elaborar un escrito que estamos repasando lo que teóricamente todos entendemos. Pero hay casos, y esto es muy grave, de personas que aún en estos tiempos no han comprendido derechos básicos como la libertad de expresión y de opinión. Nótese: saberlos y repetirlos no significa entenderlos; y ser formalmente ciudadanos con derechos y obligaciones no implica que todos actuemos en consecuencia. Podríamos hablar de “declaración” y/o “performance”. O sea: del dicho al hecho…
Que la sociedad argentina es heterogénea y sobra lugar para la discrepancia nadie lo puede dudar: por su origen nacional, por sus creencias religiosas, por las diferencias ideológicas, etc. Ahora, incluso, en la Argentina como en pocos países del mundo, existe una ley de matrimonio igualitario y otra flamante ley de identidad de género, leyes que hace tan solo diez años hubiesen sido impensables en un país sudamericano.
A pesar de grandes avances en materia de libertades, muchos insisten en el oscurantismo y temen (o no creen) en la libertad de expresión y de opinión. En el año 2012 todos (todos) tenemos derecho a dar nuestra opinión, a expresarnos según nuestras convicciones incluso cuando exista un margen de error. No hay, no existe un ciudadano del mundo que pueda expresarse sin arriesgarse a caer en un error, especialmente en un régimen democrático donde cualquier otro tiene el mismo derecho a responder con mejores argumentos.
La democracia que tanto se maltrata por los mismos ciudadanos de nuestro país se construye y reafirma por cada uno de nosotros que somos individuos con nombre y composición física. Quien solo existe en la “blogosfera” no existe en la vida real, no goza de integridad física y promueve la impunidad que otorga el anonimato.
Todo aquel que recurre al anonimato para expresarse por cualquier red social considera:
-que la democracia es parcial y que no goza de los derechos que esta le otorga (y tal vez no crea en sus obligaciones).
-que expresarse libremente pone en riesgo la integridad física de las personas (esto supone una democracia flaqueante)
-que no está ética o moralmente legitimado para brindar su opinión.
-que opinar puede hacerle cobrar un costo político (esto último por sentir de si mismo que callar le suma más puntos que hablar)
Vale recordar que la identidad de una persona no se reconoce solamente por un nombre o sus rasgos físicos sino que podemos reconocer modos de expresión, vocabulario usado, una manera de escribir, en fin, toda una terminología y un léxico que automáticamente asociamos a alguien.
Por eso a veces, el anonimato de infierno grande, no sirve para ocultar la mediocridad de quien no se siente los suficientemente íntegro y responsable para ejercer sus derechos más básicos.
Juventud Radical de General Galarza.

















