Se realizó anoche, en el Auditorio Municipal, el acto de apertura de las sesiones ordinarias del Concejo Deliberante local, y, durante 54 minutos, la Intendente Bogdan leyó un discurso sobre una ciudad y un gobierno que nada tienen que ver con la realidad local. Se trató de un texto redactado por quien siempre le escribe los discursos, pero leído sin siquiera haberlo leído antes, lo que llevó a la Intendente a leer sin tener la menor idea de lo que estaba diciendo. Una hora de mitos y fantasías que ella misma no se habría atrevido a compartir.
La complaciente platea estaba integrada por el funcionariado de primeras, segundas, terceras y cuartas líneas, pero no había nadie de la sociedad civil, salvo de Bomberos, ni ningún empresario. Ni siquiera las fuerzas de seguridad. Fue una puesta en escena para ellos mismos.
Así, Bogdan empezó leyendo de la ciudad que están construyendo en estos dos años de gestión, de la herencia y de la caída de la coparticipación, de una ciudad que crece más ordenada, más justa y más preparada, y advirtió que no todo es visible, que hay obras que no se ven. Así, también recordó a Federico y agradeció a Frigerio por el acompañamiento incondicional.
Así leyó sobre lo social, sobre las cantidades de asistencias que brindan en alimentos, en salud y en protección de derechos, en docenas y hasta cientos en una población de miles; y así leyó sobre el Tránsito y sus exitosos logros estadísticos en cuanto a una menor siniestralidad, a un mayor uso del casco, a menos infracciones, a menos secuestros, etcétera.
Así leyó sobre urbanización y obra pública, detalló baños y otras puestas en valor, en especial de obras que aclaró que no siempre se ven; y así leyó números sobre el alcance del agua corriente, de las cloacas y de los escurrimientos, y rescató el Plan Base, otro plan estratégico para justificar el negocio de la inversión pública. Hasta avaló una insólita obra en el canal de Mihura, con Vialidad, para beneficiar a un privado.
Así leyó sobre la gran modernización del Estado, y celebró el diseño propio de los sistemas, con las ventajas que eso tuvo en la venta de entradas al carnaval, y reiteró que no todo se mide en índices visibles, como que no todo lo que se hace se ve; y así leyó sobre lo habitacional, con el barrio 100 viviendas, el Tené tu Casa y el Tené tu Terreno, beneficios para unos doscientos vecinos mientras enormes sectores no tienen calles, ni luz, ni cloacas, ni agua corriente.
Así leyó sobre economía, y las oportunidades que hay gracias a los emprendedores locales y a unos pocos microcréditos; y así leyó sobre turismo, con el Carnaval como el principal motor, y los Minuanes, y el Autódromo, y el Rally, y el Kartódromo, y la pesca, y el Wakeboard; y asi leyó sobre los galpones de Puerto Ruíz y del Casino de la Costanera, próximos botines de algún privado amigo.
Así leyó sobre educación y el Polo Educativo, sobre el alcance de los talleres, los cursos, las licenciaturas y las carreras para evitar que los jóvenes se vayan a estudiar afuera, y gracias a lo cual se tienen que ir igual afuera si quieren trabajar de algo, porque empleo no hay; y así leyó sobre jardines y colonias, sobre deportes y disciplinas, sobre castraciones, sobre la olvidada Escuela de Música.
Así leyó sobre muchos números, de docenas y hasta un par de cientos, en una ciudad de 100 kilómetros cuadrados y 50 mil habitantes, fabulando sobre una ciudad ordenada y en franco crecimiento gracias a un Estado efectivo y presente; y así leyó durante casi una hora, sin contar nada cierto o nuevo, pues no había nada cierto o nuevo para contar.
Así leyó una fábula ajena que contrasta con la realidad que cada uno, incluso ella, vive día a día, la realidad de una ciudad en crisis y en indiscutible desorden, liberada a su suerte por ausencia estatal, y con vecinos impotentes y desesperados tratando de no morir en su intento de sobrevivir; así leyó la Intendente el infame compendio de cínicas mentiras, una flagrante falta de respeto al propio pueblo gualeyo.
Pero eso no fue lo más grave y doloroso. Cuando terminó de hablar la aplaudieron por extensos segundos, y luego corrieron todos a abrazarla.
Así estamos.
Norman Robson para Gualeguay21


















