Mientras que en la Argentina la eutanasia y el suicidio asistido aún son ilegales, pues solo se permite una eutanasia pasiva que deja a algunos pacientes terminales rechazar tratamientos que prolonguen artificialmente su vida, del otro lado del charco, Uruguay la oficializó como muerte médicamente asistida. Tras años de un extenso proceso legislativo y de debate público, la ley se reglamentario esta semana, y su aplicación quedó efectiva.
De ese modo, los vecinos se convierten en el tercer país de la región y el undécimo en el mundo en permitir la intervención de un médico para poner fin a la vida de un paciente, pero solo en contextos de sufrimiento extremo y enfermedad irreversible.
Por último, vale remarcar que son requisitos para autorizar la eutanasia que los pacientes sean personas mayores de edad, psíquicamente aptas, y que estén atravesando la etapa terminal de una patología incurable e irreversible. De igual modo, exigen que debe existir un sufrimiento considerado insoportable, con un deterioro grave y progresivo de la calidad de vida. De ser así el caso, éste será evaluado por un equipo multidisciplinario dentro del Sistema Nacional Integrado de Salud.
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