El turismo siempre nace de escenas muy comunes, en particular en esta era de los findes largos. Una de esas podría ser la siguiente: Es mediodía en la City porteña y dos pibes almuerzan en un bodegón de Paseo Colón. “¿Qué vas a hacer el finde largo de octubre?”, le pregunta uno al gualeyo, quien se encoge de hombros y responde: “Me iba a ir a Gualeguay, pero…”. Silencio. “¿Y porqué no?”, insiste el otro. “Y que sé yo”, comienza a responder el interrogado, mientras le echa sal a las papas fritas. “Viajar ya de por sí es una buena plata”, explicó, y amplió: “y, encima, Gualeguay está complicado”.
Terminaron las milanesas y retomaron el tema. “Tras que allá hay muy poco para hacer, con esto de El Niño y la Intendente que un dia dice si y al otro no, no sabés qué hacer”, confiesa el nativo de nuestra ciudad, y agrega: “te dan ganas de quedarte en Buenos Aires”.
De regreso a la oficina, el gualeyo rompe el silencio y confiesa, casi aliviado: “creo que le voy a mandar plata a mi hermana para que se vengan ellos para acá”. Entonces, el otro le propone: “Si querés nos alquilamos algo en Cordoba”, y le guiña un ojo. Al gualeyo se le ilumina los ojos y propone: “o en la costa”.
Historias como esa son las que hoy definen la temporada turística gualeya. La incertidumbre es el peor de los mensajes.
Norman Robson para Gualeguay21


















