Aires celtas coparon el Paseo Rocamora

No porque sí a la Argentina se la reconoce por su crisol de razas, por sus pasiones culturales y por el carácter de su gente. Creo que estos atributos tienen mucho que ver con esta historia en la que, sobre los adoquines de un pequeño pueblo, de los más viejos del país, nueve artistas de variada ascendencia ejecutaron historias musicales de una antigua cultura del otro lado del mundo. En síntesis, el Paseo Rocamora, esta noche de sábado insólito, fue inundado de acordes celtas convocando a los espíritus druidas en una emocionante comunión de pasiones desplegada por ricos músicos porteños y platenses de paso por Gualeguay.

Se trata de un grupo de muchachas y muchachos, alumnos de la escuela de música irlandesa Toirtis, tortuga en gaélico irlandés, que tiene a una gualeya en sus filas. Como venían a un evento en Gualeguaychú, e hicieron base en una chacra de Gualeguay, querían compartir su arte con los gualeyos. Así fue que la confitería Biergen fue anfitriona de tin whistles (pequeñas flautas), irish flutes (flautas traversas irlandesas), low whistles (silbatos bajos) y fiddles (violines irlandeses) al ritmo de un bodhrán (tambor de mano) y una guitarra. Hasta, a veces, se “infiltró” un ukelele.

El platense Luciano Montealto, director de esta banda, contó a Gualeguay21 algo de Toertis. Es una escuela que fundó el mismo en La Plata, y ahora se mudaron a Buenos Aires. Más allá de los detalles técnicos del caso, apuntan a un género muy suave, dulce, lleno de melancolía y misticismo, con el encanto propio de las adas de la mitología irlandesa. Se trata de slow airs (aires lentos), piezas instrumentales antiguas, que combinan con baladas de entonces sobre amores, guerras, y hambrunas.

Un referente de este género es la irlandesa estadounidense Joanie Madden, una de las flautistas más reconocidas del mundo.

A Luciano lo acompañaron Jorgelina, Carla, Angie, Julieta, Marta, Hernán, Adrián, Lucas, Javier y James, un escocés original y el único que acredita algo de sangre emparentada con los celtas. Todos tienen entre 24 y 50 años, y todos son músicos de alma. Algunos detalles: Adrián, violinista, también integra una banda de música medieval. Jorgelina, la mayor del grupo, no puede esconder su origen vikingo, ejecuta la única una irish flute y una low whistle. Y Lucas, con solo 24 años, marca el ritmo con su bodhrán.

Por último, antes de irse a descansar, el grupo prometió volver, tal vez para alguna futura Fiesta de las Colectividades en la que herederos celtas locales representen a Irlanda con soda bread y Guiness.

Norman Robson para Gualeguay21

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