El mercado laboral argentino está atravesado por dos transformaciones. De un lado, el uso de la inteligencia artificial, que modifica la cantidad y la composición de los puestos de trabajo. Del otro, la transición demográfica, marcada por la caída de los nacimientos y el envejecimiento, que cambia la cantidad y el perfil de los trabajadores. Según CIPPEC, hay que tomar distancia de dos visiones extremas: la distópica, que pronostica caos y despidos generalizados, y la utópica, que anticipa un salto de la productividad en un escenario de abundancia ilimitada.
La primera es a qué velocidad las empresas incorporan la IA. Si bien existe la creencia de que la adopción será instantánea y destruirá el empleo, la historia muestra que toda revolución tecnológica lleva varias décadas. Esta vez el proceso podría ser más rápido, pero en ningún caso inmediato, porque la infraestructura y la conectividad, los déficits de competencias digitales, los costos de implementación, las trabas regulatorias y los prejuicios culturales demoran la adopción. Por ejemplo, en los Estados Unidos, a fines de 2025, apenas el 17 por ciento de las empresas usaba IA en sus funciones productivas y no se ven desequilibrios en el empleo.
La segunda pregunta es si la IA reemplaza al trabajador o lo potencia. Cuando la tecnología sustituye una tarea, hablamos de automatización: el trabajo humano es reemplazado por la máquina. Cuando la complementa, el trabajador se vuelve más productivo, y con esa mayor productividad pueden crecer también el trabajo y el salario. La realidad del mercado laboral no es binaria, pero la evidencia muestra que la complementación pesa más que el reemplazo. La explicación es sencilla: un empleo es un paquete de tareas, y para que un puesto desaparezca la IA tendría que poder hacerlas todas, algo que rara vez ocurre.
Incluso los puestos más expuestos incluyen tareas que exigen criterio, negociación, presencia física o manejo de imprevistos. Un vendedor, por ejemplo, atiende clientes, ordena mercadería, carga datos en un sistema, elabora informes de ventas y resuelve reclamos. Algunas de esas tareas pueden ser reemplazadas, pero otras no, por lo que la IA potencia el puesto más de lo que lo automatiza.
Un dato: Según una investigación económica de Accenture, en la Argentina, el 44 por ciento del tiempo de trabajo (y no de los empleos) incluye tareas que la IA podría, en teoría, realizar, mientras que el 56 restante corresponde a tareas físicas o de lenguaje que exigen improvisación, responsabilidad o interacción humana, es decir, tareas que la IA no puede realizar.
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