El italiano Francesco Carrara, el máximo exponente de la Escuela Clásica del derecho penal, ya a mediados del siglo XIX advertía que el proceso penal no era un mero mecanismo de castigo, sino un conjunto de garantías esenciales para proteger a los ciudadanos frente al poder arbitrario del Estado, y entendía que la publicidad de los juicios es fundamental, pues funciona como garantía del “hombre de bien”, facilita el control de la sociedad, y respeta la presunción de inocencia. La Justicia sigue vigente a pesar de los siglos. Nada ha cambiado.
Por ejemplo, Carrara dice que el derecho procesal penal debe “proteger a los hombres de bien contra los peligros de las falsas acusaciones”, y que el secreto, propio de la inquisición y el absolutismo, propicia el abuso judicial, las presiones políticas y los errores irreparables. Entiende que la publicidad funciona como un escudo que asegura que el proceso sea controlado.
En otras palabras, dice que la publicidad de las audiencias permite que los ciudadanos sean testigos directos de la imparcialidad, rectitud y legalidad de las decisiones judiciales, pues si los juicios se celebran a puertas abiertas, el pueblo puede fiscalizar el comportamiento tanto de los magistrados como de los fiscales, impidiendo condenas arbitrarias o absoluciones injustas por presión política. Entiende que un juicio público y transparente legitima la pena ante la sociedad, y el castigo se vuelve respetable porque todos presenciaron de manera abierta el proceso lógico y probatorio que condujo a él.
En definitiva, para Carrara, la publicidad de los juicios penales no es una opción procesal, o un asunto de simple orden logístico, sino que es un requisito político y filosófico de primer orden para la existencia de justicia. Convertir el proceso en un acto transparente es la única vía para desterrar la arbitrariedad, asegurar la defensa del acusado y que a la opinión pública le conste la justicia.
Pero esto está “pasado de moda” para los popes del Olimpo judicial gualeyo y sus secuaces becados. Así lo demuestra la historia inmediata local. Algún día será justicia.
Norman Robson para Gualeguay21


















