A mis vecinos,
A partir de la evolución de los hechos de las últimas semanas en torno a la instalación de un nuevo supermercado y a la llegada de otro, como simple vecino siento la necesidad y la obligación de compartir con mi comunidad la profunda tristeza que me embarga al ver, impotente, que se perjudica irremediable e irresponsablemente la economía de todo un pueblo.
Desde que asumí la responsabilidad de presidir el Centro Económico, por convicción, y en consenso con el grupo de gente que me acompaña, puse a la institución a disposición de la gestión de gobierno actual, en el entendimiento de que los logros se dan como fruto del trabajo mancomunado del sector público y el privado, y así lo hicimos.
Y así lo demuestran las reuniones y las conversaciones mantenidas en distintos temas que hacen al quehacer comunal.
Así es que cuando me entero de la llegada del DAR a Gualeguay, desde el Centro articulé las acciones correspondientes para imponer el cumplimiento de la Ley 9393, la cual NO impide la instalación de una gran superficie comercial, la cual NO está redactada para proteger a un sector supermercadista local, sino que establece el marco reglamentario para que estos meganegocios NO atenten contra el desarrollo social y económico de toda una comunidad.
O sea, esta es una Ley que NO impide la llegada de un supermercado, que NO está hecha para defender a los otros supermercados, sino que está hecha para defender a todo el pueblo.
Y por eso fue votada por los legisladores entrerrianos.
Y por eso está siendo estudiada su aplicación por otros legisladores de otras provincias, otros nacionales y otros del Mercosur.
Precisamente porque NO defiende a un sector, sino porque defiende a todos los miembros de una comunidad.
Por eso hoy hablo como vecino y no como dirigente.
Hablo como un vecino que sabe de los efectos devastadores del hipercomercio depredador y que se siente impotente ante el avance de estos en su propio pueblo y con el beneplácito de quienes deberían informar a la gente al respecto y defenderla.
Porque tanto ellos como yo sabemos de las falsas promesas de estas empresas, esas que hablan de cantidad y calidad de trabajo, sabemos del daño que le ocasionan a la producción periférica, esa que produce frutas, verduras, escobas, pan, sabemos del impacto negativo en las instituciones intermedias, esas que subsisten gracias al aporte del sector, como Bomberos, Cruz Roja, Unidad Coronaria, Procopa, Cooperadoras, entre otras, y sabemos del quebranto que le producen a la economía local, a la cual le extraen millones y millones de pesos diarios.
Por eso me duele que se auspicie la radicación de un negocio que está fuera de la ley, y de que se convenza al pueblo de que eso es bueno para él y de que los malos somos nosotros que queremos impedirlo.
Por todo esto me siento defraudado y angustiado, viendo al vasto sector PYME local abandonado, desprotegido, desamparado por un sistema que se ocupa de abrirle las puertas a los grandes consorcios comerciales sin contemplaciones, sin escrúpulos, hipotecando el futuro de nuestra comunidad.
Solo me queda la tranquilidad de consciencia de haber agotado las instancias y de haber compartido esto con los vecinos.
El tiempo será nuestro juez, yo seguiré luchando para que no sea nuestro verdugo
Cristian Ciancio

















