Hoy no puedo escuchar eso de “bronca cuando ríen satisfechos después haber comprado sus derechos” sin ver las caras del Jefe y sus Secretarios, no puedo escuchar eso de “bronca cuando se hacen los moralistas y entran a correr a los artistas”, sin recordarlo a Cari, a Ángel, y a tantos otros, ni puedo escuchar eso de “bronca cuando a plena luz del día sacan a pasear su hipocresía”, sin que retumben en mis oídos los discursos del último lustro.
Que vigente que siento “esa bronca de la brava, esa bronca de la mía…”
Hoy no puedo escuchar eso de aquel “que toma lo que es nuestro con el guante de disimular” y eso de aquel “que ha marcado las barajas y recibe siempre la mejor” sin que se me represente su séquito de secuaces obsecuentes tan amigos de lo ajeno.
Si bien el as de espadas ya no nos domina y no nos dan más con el de bastos, yo no aguanto “más tanta mentira organizada sin responder con voz ronca de bronca”.
Hoy no puedo escuchar eso de “bronca porque roba el asaltante pero también roba el gobernante” sin recordar el noticiero de hoy al mediodía, ni puedo escuchar eso de que “los que mandan tienen este mundo repodrido y dividido en dos”, refiriéndose al “afán de conquistar por la fuerza o por la explotación”, sin recordar la ausencia de políticas y la constante improvisación.
En definitiva, “no puedo ver tanto desastre organizado sin responder con la voz ronca de bronca”.
Y si… Mi bronca es igual que aquella, es una “bronca sin fusiles y sin bombas, con los dos dedos en V”, una “bronca que también es esperanza”, esperanza de que alguna vez merezcamos un gobierno mejor.
Norman Robson para Gualeguay21

















