El “hijo de” fue personalizado de acuerdo al idioma y así el hijo de algún Marcos fue identificado como Markson en Inglaterra, Ben Mordejai en Israel, el vástago de cierto Sullivan fue MacSullivan en Irlanda y Ramírez en España el hijo de Don Ramiro.
En Japón Yamamoto designaba al que vivía en la “base de la montaña” y de la misma manera fue del Monte en España. Con alguna incipiente oleada de globalización se hizo imposible identificarlos sólo por apellido, referencia a los padres, esposos, profesiones o lugares de residencia, y entonces se crearon listados numerados localmente, más adelante regionales y finalmente a nivel nacional con valores únicos para tal fin. “Mi libreta de enrolamiento es la número 4.005.468”, diría orgulloso algún abuelo de Córdoba.
Entre otros documentos, cédulas de identidad, pasaportes, registros de conductor utilizan este esquema. Incluso se incorporaron las huellas digitales, únicas de acuerdo con las enseñanzas de Juan Vucetich, el argentino que desarrolló la dactiloscopia ya en nuestros tiempos. Y obviamente la foto.
En paralelo y con la irrupción de las tecnologías, pasamos del telégrafo y el cable al telex, por el cual las personas físicas o jurídicas se identificaban por siglas, luego por números telefónicos, de fax, direcciones de correo electrónico y ahora, simplemente por su nombre de usuario.
Las tarjetas personales suelen incluir todos o algunos de estos datos: foto, nombre y apellido, cargo, empresa, teléfono fijo, fax, celular, dirección física y de correo electrónico y más recientemente se incorporó el usuario de Twitter. Algunos suman códigos de barra para simplificar su carga en dispositivos móviles.
Con el avance de las tecnologías se podrá incorporar alguna vez información biométrica o directamente parte de nuestro ADN con algún futuro lector portátil de ADN que se desarrolle e incorpore en nuestros dispositivos móviles.
Y de la unión de dispositivos móviles como los Google Glasses, sumando tecnologías de realidad aumentada e integrados con alguna base de datos global no sería sorprendente que vayamos por la calle caminando y alguien nos grite desde la otra calle diciendo “eh @jchama hace tiempo que quería conocerlo” o al entrar a una confitería de cierto país que se visita por primera vez en otro continente, el camarero le saluda: “buenos días @paulascordo, ¿le sirvo su espresso con una tostada de pan integral como le gusta?”.
Parafraseando al supermercadista argentino Alfredo Coto (en la voz del comediante Alfredo Casero) en sus comerciales televisivos y radiales, seguro que alguien le dirá: “Yo Te Conozco”.
ebizLatam

16 septiembre, 2026 12:09 pm/
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