Orden o muerte

Instalado por la sociedad local como ícono del orden, mote ganado gracias a la mano dura implementada durante su gestión, el Jefe Mondragón es el último responsable del area que logró cierto grado de efectividad, aunque esta fue efímera, tanto por su temprana remoción del cargo como por el poco compromiso con el tema por parte del Ejecutivo.
Tal es así que, a partir de Mondragón, los sucesivos responsables del área que le siguieron han demostrado sus distintos niveles de incompetencia, gestiones que se han desvanecido en el olvido por la propia incapacidad del Ejecutivo de pensar e implementar políticas coherentes y eficientes que los acompañen y potencien.
Cabe destacar que la injusticia plasmada a través de los operativos ha desencadenado ya un rechazo violento que se está enquistando en el seno de la comunidad para tornarse crónico, no solo en la revelada juventud, sino, incluso, en los ciudadanos comunes, maduros y trabajadores.
Hoy, quienes recorran nuestra ciudad, no pueden discutir el caos reinante, el libertinaje vial, la reacción violencia, la impunidad, el descontrol general…
Ahora bien, ante la lógica y previsible huida de Hermoso a Carbó, el área de Tránsito municipal se convirtió en una gran papa hirviendo que nadie quería ni quiere agarrar. Por lo menos, nadie en su sano juicio.
Asumir la responsabilidad de reordenar eficientemente el tránsito en una sociedad ya convulsionada y sensibilizada con el tema y sin el acompañamiento político, es imposible y cualquiera sabe que quien lo intente se inmolará en el intento.
En este marco, de entre las filas de obsecuentes al intendente, surge la figura del guardiacarcel Bur, quien en aras de congraciar a su jefe y acceder a un cargo de relevancia, acepta la responsabilidad de ordenar el tránsito.
Cabe remarcar, que el apoyo público del propio Erro, de su fiel Iturbe, y de quien quiera sumarse no alcanza para avalar socialmente al nuevo jefe. Su trayectoria ya lo condena.
Ahora bien, estamos en noviembre y comienza la temporada del caos, aumenta la población, aumenta el tráfico de motos y motitos, aumenta el tráfico de gurises, y aumentan los consumos.
De cara a este nuevo escenario, el caos del tránsito más el descontrol en el consumo de alcohol presagian una temporada complicada, mucho más si el orden se encuentra en las manos de alguien que no está capacitado, ni tiene el indispensable acompañamiento en políticas de estado.
Definitivamente, los pronósticos son poco alentadores. Hoy cualquiera que recorra nuestras calles de día o de noche puede imaginar la tendencia de todo esto, hacia donde nos dirigimos.
Ante este crítico escenario que se avecina, la sociedad debe comprender la gravedad del caso, asumir su responsabilidad y tomar cartas en el asunto antes que la incompetencia gobernante se traduzca en pérdida de nuevas vidas.
Hoy la sociedad debe cerrar filas en defensa propia exigiendo el debido y merecido orden perdido. Hoy el desafío suena a orden o muerte.
Norman Robson para Gualeguay21

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