Sedición, dícese de una conducta que promueve una rebelión en contra del orden constitucional establecido, utilizando discursos, publicaciones, organizaciones u otras acciones.
Esto me hizo recordar a aquellas famosas fuerzas sediciosas a las que hacía referencia la voz típica de Radio Colonia, y luego también recordé que, al tiempo, la otra parte era la sediciosa.
Más allá de las versiones que nos de la historia, sedición es la conducta que fomenta la desestabilización de lo constituido, o sea, atenta contra la misma Constitución, incitando al descontento y resistiendo a la autoridad, y siempre crispando el ánimo de la comunidad.
O sea, con esta definición comprendí que ambas partes de aquella época habían sido sediciosas, y que Sedición y Constitución son conceptos antagónicos, y
Derechos Humanos…
Ahora bien, si bien su definición no lo especifica, los antecedentes de conducta sediciosa generalmente, por no decir indefectiblemente, siempre han sido de parte del poder. Del poder de facto, del poder revolucionario, del poder sindical, del poder…
Y entonces aparece la pregunta incómoda, antipática, y, si se quiere, desestabilizadora…
¿Hay sedición en democracia?
Para responder esta pregunta deberíamos realizar una revisión de los últimos años remarcando, si las hubiera, que conductas sediciosas existieron.
Si hubo conductas que atropellaran el estado de derecho de los ciudadanos.
Conductas que atentaran contra la Constitución o contra los derechos humanos.
Conductas que ignoraran, despreciaran o desacreditaran el orden jurídico.
Conductas que pretendieran avasallar la institucionalidad de las entidades.
Conductas que implicaran un abuso de autoridad
Conductas que pretendieran acallar el libre pensamiento y la libre información.
Conductas que promovieran el enfrentamiento civil.
Conductas que arengaran el desprecio de las leyes y la resistencia a la autoridad.
O conductas que generaran caos y anarquía.
Si al cabo de recorrer los últimos años de democracia no encontramos hechos concretos de sedición, buenísimo, pero si encontramos, estamos en problemas, porque más allá de que algún retrogrado fundamentalista pretenda convencernos de que los sediciosos son revolucionarios, lo cierto es que la Constitución, el Estado de Derecho y los Derechos Humanos están en riesgo.
Se debe tener presente que existieron sediciosos disfrazados de revolucionarios que en honor a altísimos valores despertaron las fantasías épicas de la comunidad mientras, por detrás, defraudaban a la patria.
Por último, si detectamos alguna conducta sediciosa, debemos saber que esta está penada por la ley, por lo tanto debemos denunciarla, sino somos como los que acompañan la sedición, meros cómplices.
Norman Robson para Gualeguay21

16 septiembre, 2026 12:09 pm/
En el Plan Estratégico del 2000, requerido en el marco de la Defensa Costera, en los...
















