El periodismo de Juan Pueblo

En eso estaban nuestros colegas cuando, raudo, llegó hasta el lugar del hecho el reconocido Vento negro propiedad de Juan Pueblo al servicio temporal del Mandamás.
Sorprendidos por su presencia, de inmediato todos enfocaron sus cámaras hacia el móvil, esperando ver bajar del mismo al propio Mandamás de Juan Pueblo y, tal vez, alguno de sus secuaces.
Pero no.
Del Vento descendió la flamante brigada periodística financiada por Juan Pueblo para que el mismo Mandamás pueda imponer su mentira oficial. O sea, un ostentoso auto de 250 lucas utilizado como una unidad móvil de Juan Pueblo TV para su Falsa Mirada del mediodía.
Así, armados hasta los dientes con cámaras y micrófonos, todo también propiedad de Juan Pueblo, el joven conductor y su cameraman, comandados por el propio jefe de prensa, auricular en la oreja derecha y gorra, en una versión patética de Kevin Costner en El Guardaespaldas, pusieron manos a la obra para llevar algo más a las usurpadas pantallas del canal de la ciudad.
Atónitos, los colegas, aquellos de verdad que defienden la verdad, no podían acreditar lo que ocurría delante de sus propios ojos: una dantesca parodia periodística.
Todo el aparato del poder, con recursos de Juan Pueblo, dispuesto para que el Mandamás lleve adelante su enfrentamiento personal contra los medios locales y la legítima realidad.
Al igual que en la tragicómica función matinal del circo de los sábados, las caricaturas se repiten en la versión audiovisual impuesta cada mediodía, compitiendo abusiva, arbitraria y atrevidamente con el profesionalismo, la dedicación, el trabajo serio, el compromiso y la buena leche de quienes practican el periodismo en nuestra ciudad.
¿Doña Rosa?
Doña Rosa bien, gracias. Ella solo me pregunta qué piensan esos popes vernáculos del negocio de la información cuando cómodamente sucumben ante las inescrupulosas y caprichosas maniobras del Mandamás y la entregan a ella como rehén de una fraudulenta propaganda política.
Nunca sé qué contestarle.
Igualmente, ella me confió un secreto. Me aseguró que hay algo que por más que lo expriman a Juan Pueblo, el Mandamás y sus secuaces nunca van a poder comprar. La decencia, m´hijo, me dijo, la decencia.
Norman Robson para Gualeguay21

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