Le piden justicia a la Justicia

“Los profesionales de la Justicia Penal deberían ser tan profesionales como los médicos cirujanos, porque si ellos se equivocan, las personas mueren, como murió mi hermano…”.
Así se lamenta Mario Ferreyra, uno de los hermanos de la víctima que es funcionario policial.
Ricardo Ferreyra, de acuerdo al relato de su hermano, en la noche del 10 de julio de este año, minutos después de la medianoche, mientras conversaba con dos personas en el barrio 62 Viviendas, fue interceptado y fusilado.
“Vos sos el hermano de dos gorras, y por eso te cabe el tiro”, dice el expediente que le dijo su victimario a Ferreyra, “por su culpa nosotros caímos presos”, agregó, y sacó un arma de fuego.
Al intentar escapar, relata Mario Ferreyra, su hermano cae golpeado en la cabeza y, una vez en el piso, es ejecutado de dos disparos por la espalda y su matador huye de la escena. Uno de los tiros fue en los glúteos y el otro en las costillas.
Desde ese día, y hasta el 3 de agosto, Ferreyra luchó por su vida, en consciente agonía, tirado en una cama del hospital, lo que le permitió a él mismo testimoniar lo ocurrido ante la Policía.
El prontuario del matador, de nombre Leandro Castro, habla de decenas de causas, al punto de que se encontraba cumpliendo una condena de forma condicional. Había recibido esta condena luego de ser apresado por uno de los hermanos policía de la víctima. Para la familia Ferreyra, el matador debería haber estado preso, y no en la calle.
Luego de estar prófugo casi dos meses, el pasado 4 de septiembre, en Córdoba, gracias a una exhaustiva tarea de investigación policial, Castro fue ubicado y aprehendido.
Según la familia Ferreyra, la Fiscalía le habría asegurado pedir la pena máxima, razón por la cual descansó tranquila y confiada en el proceder judicial.
En su profundo dolor, los familiares de la víctima entienden que un homicidio a traición, a sangre fría, por venganza, delante de dos testigos y con el testimonio en agonía de la propia víctima, merece la mayor de las condenas, tal como ocurrió en otros casos de homicidio.
Pero la Fiscalía, en pleno uso de sus facultades, tuvo otra visión del caso y decidió asegurar la condena a través de un juicio abreviado y sellar un acuerdo de 16 años y 6 meses. Y así ya se remitió a la Cámara.
Con esta decisión, la familia Ferreyra se siente defraudada. Consideran insuficiente una condena que no sea la pena máxima, pero, también, se sienten desprotegidos, especialmente los hermanos policías de la víctima.
“¿Quién nos defiende a nosotros cuando este sujeto recupere la libertad?”, preguntan preocupados Mario y Manuel Ferreyra, policías en nuestra ciudad. “Tenemos fecha de vencimiento…”, agregan.
En definitiva, los familiares de Ricardo Ferreyra no ven justo que alguien que, con un frondoso prontuario, mató por la espalda, a sangre fría, por venganza, y con testigos, pueda volver a las calles, tal vez, en solo diez años, si se porta bien. No lo ven justo y, a la vez, temen a las represalias que pueda tomar el matador una vez recupere la libertad.
Más allá de esto, ahora hay que esperar la sentencia de la Cámara local y luego conocer cuál fue la visión que tuvo la justicia tuvo sobre este caso. Mientras tanto, ante las puertas cerradas de la Justicia, la familia Ferreyra recurre a los medios para que la comunidad conozca la realidad.
Gualeguay21

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