Más de cien días y…

De este modo, pasada la Semana Santa, nuestros vecinos resucitan a la cruda realidad y comienzan a buscar en ella aquel cambio que le habían prometido pero que no logran encontrar.

Al no encontrarlo, indefectiblemente, los gualeyos caen en el desencanto, en la desilusión y en la decepción, y el ambiente comienza rápidamente a enrarecerse.

Hoy, a poco de cumplirse los primeros cuatro meses, el cambio prometido aún no se ve ni se siente, y el fantasma del “más de lo mismo” comienza a aparecer en las rondas de mate, en los asados y en las redes sociales.

Es que en la nueva ciudad hay cosas que dejan mucho que desear, y, si bien las comparaciones son odiosas, la gestión anterior sabía cuidar bien esos detalles, aunque sea en los sectores más sensibles de la ciudad.

Hoy, los vecinos aún aguardan, pero aguardan mucho menos, y aguantan mucho menos también. Aguantan menos no saber si el agua era o es potable. Aguantan menos no saber todavía el resultado del carnaval ni el de la auditoría. Aguantan menos, si tanto fue el descalabro, no escuchar a los gobernantes ellos mismos denunciarlo con lujo de detalles.

Así es como pueblo siente, quiere y cree que merece. De necios sería no escucharlo.

Ahora bien, una revisión individual del detalle desnuda la intimidad de cada realidad y sus problemáticas.

Basura y tránsito

Para quienes recorren las calles, la realidad no pasa desapercibida, especialmente en dos parámetros muy sensibles a los ojos de los vecinos: la basura y el tránsito.

En el caso de la basura, su cadena se cortó y perdió efectividad en sus dos extremos: La recolección y la disposición final. En la primera, cuestiones operativas impiden cumplir con lo que la anterior gestión cumplía normalmente con los mismos recursos. En la segunda, el desprenderse arbitraria e innecesariamente de quienes se ocupaban de darle una salida comercial a lo inorgánico se siente en el aumento de las quemas y en el crecimiento del desequilibrio social de la actividad.

De este modo, queda a la luz que las medidas adoptadas por afuera de una estrategia política que tienda a resolver la problemática generan serios inconvenientes que hoy afectan la realidad de ese servicio.

Por el lado del tránsito, se mantiene el mismo esquema de injusticias y vicios que tan poco logró en la gestión anterior, y mientras que desde el área se jactan de las unidades secuestradas, las calles se sumergen en el descontrol, y las acertadas medidas, como el doble estacionamiento, se pierden en el desorden.

Cabe destacar, para ambos casos, que es en la calle donde más se siente la reducción arbitraria de personal sin el marco político estratégico que sustente esa medida.

Medioambiente

En medioambiente, al igual que en los casos anteriores, mucho fue lo que se prometió en la campaña para el cambio, pero el olfato de los vecinos aún no percibe el cambio, ni su oído recibe noticias que se lo auguren.

Es que las acciones, puramente discursivas, parecen concentrarse en Soluciones Ambientales, sin mirar, casualmente, hacia el lado de Soychú, de las cloacas o del propio basural, los cuales le recuerdan al pueblo cada día aquellos cambios prometidos antes de octubre.

Inseguridad y droga

Siendo que fue uno de los ejes centrales de la campaña, luego de diciembre todo se redujo a la caprichosa e inviable creación de una Súper Secretaría y a una capacitación de vecinos en el tratamiento de un flagelo que la política no atiende.

Hoy en día, nada más que eso se ha hecho en este sentido, a pesar de los preocupantes índices de delitos juveniles y drogadicción infantil que no dejan de crecer y tanto afectan a miles de familias gualeyas.

Del mismo modo, el desmantelamiento de la Guardia Urbana, la cual, mal que mal, hacía presencia en las calles con personal y monitoreo, hoy termina condenando definitivamente al olvido la millonaria inversión en equipamiento y personal.

De este modo, la inseguridad y la drogadicción conviven plácidamente en nuestra ciudad, tal como lo hacían antes del anunciado cambio.

Desarrollo social

El discurso del desarrollo humano, como ahora lo llaman, no deja de ser elocuente, pero muy lejos está aún de traducirse en políticas concretas, y más lejos aún de sentirse en el territorio.

Si bien el CIC y algunos efectores han demostrado un cambio sensible, al igual que algún replanteo de algún área, la extensión de esto al propio territorio aún no se ha materializado.

De este modo, el nivel de exclusión y postergación de los sectores periféricos a la ciudad sigue siendo el mismo y quienes viven allí no sienten todavía el cambio que buscaron, ni ven acciones que los alienten a creer que podrán acceder a una digna calidad de vida.

En los sectores periféricos siguen vigentes la realidad de los ranchos, la degradación familiar, y el casi nulo acceso a la vivienda, a la salud, a la educación, a la seguridad y a los servicios, tal cual era antes del cambio.

Economía

La realidad económica de la ciudad no solo no ha cambiado, sino que no se la vislumbra entre los intereses prioritarios de la gestión. Ni siquiera se conoce alguna estrategia en tal sentido y, es más, casi ni se la menciona en los discursos.

Por lo tanto, a pesar de ser una de las cuestiones cruciales a resolver para lograr el desarrollo integral de la ciudad, el desarrollo económico sigue postergado y, a pesar del cambio prometido, sigue siendo una realidad tan frustrante como lo era en la anterior gestión.

Cabe remarcar que sin un desarrollo turístico y productivo que promueva el ingreso de divisas, que revierta la balanza comercial local, y que genere puestos de trabajo genuinos, difícilmente pueda sacarse a Gualeguay de su condena de postergación.

Obra pública

Si bien la cartera de la obra pública es la de más lenta reacción en una gestión, el caótico estado de la infraestructura municipal debería ser expuesto y no disimulado como lo hacía la anterior gestión.

Ejemplo de esto es el estado de las flamantes calles asfaltadas, las cuales ya se encuentran detonadas, y las cuales conforman uno de los aspectos que, día a día, más inquieta a los vecinos, mientras la empresa responsable de esto sigue tan cerca de la gestión como antes.

Salud y educación

En salud y educación, temas sobre los cuales no escatiman excusas para desentenderse exhibiendo cuestiones jurisdiccionales, la situación también se presenta grave y sin cambio.

Las realidades del hospital San Antonio y del complejo educativo son muestras elocuentes del desinterés provincial por la problemática gualeya. Pero la gestión comunal, como autoridad territorial, en lugar de permanecer pasiva e indiferente, debería arbitrar y liderar acciones que tiendan a revertir estas realidades.

Tal es así que, mientras el hospital pone en riesgo la salud de nuestros hijos por inescrupulosa negligencia, y la departamental educativa regentea un comité político que se desprende de trabajadores, y los remplaza, por su simpatía política, la gestión se declara por sí sola impotente e incompetente, dejando a los gualeyos a la buena de Dios.

De este modo, aspectos tan caros al desarrollo de los gualeyos también quedaron afuera del cambio y siguen igual.

Política

El desempeño político de la gestión, por las características del caso, tal vez sea el más grave de los aspectos.

Esa mezcla de inocencia e ignorancia que caracteriza al nuevo gobierno comienza a ser preocupante cuando se la matiza con altas dosis de necio absolutismo, arrogante soberbia e imprudente fundamentalismo.

Es que la conducta política de este gobierno resulta, por lo menos, insólita.

Su autismo ante todo lo que venga de afuera de su ámbito íntimo, y su pose estática y silenciosa mientras el gobierno provincial lo encierra con gestiones paralelas y le duerme el nene con fantásticas promesas, hoy ya trasciende y comienza a exasperar a los gualeyos.

Tal es la gravedad de esta política de ausencia política esgrimida desde la gestión local que no solo ha permitido que Gualeguay recupere, nuevamente, el puesto más alto en el ranking del hazmerreír provincial, algo que los gualeyos no tenían previsto con el cambio, sino que, también, pone en serio peligro la sustentabilidad de un proyecto político elegido por el pueblo y tal vez defenestrado por los responsables, algo que, definitivamente, los gualeyos no merecen.

Conclusiones

De no mediar un golpe de grandeza que les permita revertir la situación general, probablemente los gualeyos tengamos asegurados, en el corto o mediano plaza, un merecido caos político institucional y un futuro gobierno kirchnerista.

Norman Robson para Gualeguay21

Compartí la noticia con tus contactos

Noticias Relacionadas

  • All Post
  • Canal
  • Galería
  • Hemeroteca
  • Lifestyle
  • Opinión
  • Podcasts
  • Política
  • Popular
  • sin categoría
  • Sociedad
  • Sport
  • Technology
  • Travel
  • Trending
Las Cortitas y al pié del 01 09 2026

1 septiembre, 2026 1:41 am/

•Policiales. Desde Jefatura Departamental, en su servicio exclusivo a Radio Gualeguay, dijeron que robaron unas reposeras...

La foto del día

31 agosto, 2026 2:10 am/

La división sub16 de hockey sobre césped del Club San Lorenzo conquistó el campeonato apertura de...

logo-gualeguay-21-FINAL-gris

Periodismo independiente y comprometido desde el sur de Entre Ríos

© 2025 Desarrollo de with Estudio Lanzi