Volver todo al carril de lo que debe ser demanda algo más que la voluntariosa intensión o la compulsiva decisión.
Desde que recordamos, las instituciones han emparchado, y siguen emparchando, al Estado en todas sus ausencias, más allá de que éste debiera estar o no.
Y desde que recordamos, los ciudadanos siguen contribuyendo económicamente a estas instituciones para que cumplan ese rol a pesar de que para ello le pagan los impuestos al Estado.
La sociedad de Gualeguay no ha sido, ni es, ajena a esta realidad y la ha afrontado, y la afronta, a través de sus instituciones intermedias, haciéndose presente donde el Estado no lo hacía ni lo hace.
Estas entidades civiles se hacen cargo de una realidad más allá de competencias y jurisdicciones.
Del mismo modo, solidaria con esta realidad, desde hace mucho tiempo, la Municipalidad local, más allá de su color momentáneo, se hacía presente económicamente donde fuera necesario. Se hacía cargo más allá de responsabilidades y jurisdicciones.
Prueba de esto fue su presencia económica junto a la Policía y a Bomberos, entendiendo que, si bien no era su deber de competencia o jurisdicción, sí era su deber moral sostener los roles de estas instituciones.
Si bien es una tremenda injusticia que civiles deban disponer recursos para hacer lo que el Estado debería hacer, también lo es que una comuna deba hacerlo.
Ahora bien, y más allá de las crisis, la sociedad jamás le saca el cuerpo a las instituciones recortándole o retirándole compulsivamente su aporte porque es injusto, pues sabe que esto redundaría en un alto impacto negativo en la sociedad.
Por ese motivo, a pesar de la inflación, de los recortes, y de los aprietes económicos, la sociedad gualeya, cada mes, se mete la mano en el bolsillo para contribuir con aquellas instituciones que sirven donde el Estado no.
De este modo, a pesar de que no sea su deber, su competencia o su jurisdicción, y a pesar del legado de la Gestión Erro, del presupuesto y del constante aumento de las cosas, la Municipalidad no debería romper su “tradición” de acompañar económicamente a instituciones tan caras y necesarias a su comunidad.
O sea, de lo que es a lo que debe ser, se debe ir sin dejar faltar ni dejar que falte.
Norman Robson para Gualeguay21


















