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Aberrante caso de abusador sexual de menores

Un hombre que fue juzgado y condenado en Gualeguay en 2012 por abusar de dos amigos de su hijo en 2009, ahora fue condenado por abusar un niño de 10 años desde el 2010 hasta el 2015.

Según publicó El Día de Gualeguaychú, en un juicio abreviado que tuvo como juez unipersonal a Arturo Dumón, José Alejandro Guerrero, de 47 años, reconoció los hechos que se le imputaron y acordó con las partes una pena de 12 años de prisión, la cual cumple desde el lunes en la UP9 de Colonia El Potrero.

Escuchar la imputación del fiscal Martín Gil y observar al acusado asentir con la cabeza, reconociendo su autoría en cada uno de los hechos, produjo escalofríos en familiares de las víctimas y de la ONG de Urdinarrain “Con los Gurises No”, asegura Carlos Riera en su nota para El Día.

Viejo conocido

Según informa Carlos Riera para El Día de Gualeguaychú, en 2009 trascendieron dos casos de abuso de menores en los que fue imputado Guerrero. En aquella oportunidad, tras la denuncia de padres de las víctimas, fue escrachado en su domicilio y debió abandonar el barrio.

Tras ello recayó en un departamento de calle Fray Mocho y luego en un complejo de bungalows camino al Ñandubaysal denominado “Rincón de los Sauces”, donde cumplía funciones como cuidador.

Mientras tanto, en febrero de 2012 fue traído a juicio a Gualeguay, y bajo el anterior sistema de Justicia, fue condenado por la Cámara del Crimen a una pena de prisión condicional de 3 años y realizar tareas comunitarias.

Nada más se supo de él hasta que mitad del 2015 se conoció una denuncia que realizó la madre de un niño que, al igual que en los casos anteriores, era amigo del hijo de Guerrero.

En esa denuncia se relató como el denunciado trató de intimar con el menor con tocamientos y pasándole la lengua por el cuello.

Pero tras hacerse pública esa denuncia, otra madre se animó y lo denunció por un hecho más grave. Guerrero había abusado sexualmente con acceso carnal de su hijo cuando tenía 10 años y hasta que cumplió los 14.

No le importaba nada

O sea, que mientras era condenado a la pena condicional de tres años por parte de la Cámara del Crimen de Gualeguay, Guerrero abusaba simultáneamente de otro menor, primero en el departamento de calle Fray Mocho y luego en una de las cabañas que cuidaba en el complejo camino al Ñandubaysal, relató Carlos Riera para El Día de Gualeguaychú.

La modalidad que utilizaba Guerrero siempre fue la misma: las víctimas eran amigos de su hijo y se ganaba la confianza de madres y padres, que nunca imaginaron vivir algo semejante.

Primero le mostraba fotos de sus partes íntimas y luego los interrogaba “cómo la tenían”, y si ya habían experimentado relaciones sexuales con mujeres. Mientras se daban ese tipo de conversaciones, Guerrero intentaba que sus víctimas lo tocaran y como no lo hacían era él quien los tocaba.

Al menor de 10 años llegó a penetrarlo en dos oportunidades durante esa edad, pero los abusos continuaron cuando lo llevaba engañado a que iba a estar con su amigo en el complejo y cuando arribaban lo encerraba en su habitación, lo penetraba y le practicaba sexo oral.

Incluso logró que el menor lo penetrara, amenazándolo que iba a contar lo que hacían y que le iba a decir a todos que era “puto”.

Todos estos hechos que fueron relatados por el menor en Cámara Gesell, que son fuertes al leer y escuchar, le sirvieron al fiscal para probar e imputar a Guerrero de corrupción de menores, una figura penal más grave que el abuso. Los factores que propiciaron esta imputación fueron la temprana edad de la víctima y la reiteración de los hechos, los cuales son suficientes como para “desviar el libre crecimiento psico-sexual  esperable y normal de la víctima”.

“Tocame así se me para”

El segundo hecho fue de menor tenor, pero no por ello menos traumático para la víctima que también tenía 10 años al momento que se realizó la denuncia el 14 de junio de 2015. Desde el 2013 y hasta esa fecha, Guerrero manoseó e intentó llegar más lejos, aprovechándose de la amistad que el niño tenía con su hijo y de la confianza que él se había ganado con los padres.

La perversa modalidad era siempre la misma. Le mostraba sus partes al niño y le tocaba el pene, al tiempo que le decía al menor “tocame así se me para ya sabés que”. El día que se radicó la denuncia fue cuando la víctima le contó a su madre que Guerrero le había tocado el pene y que le había dado besos en el cuello.

La condena

Por la cantidad de pruebas recogidas en la Investigación Penal Preparatoria (IPP) y los antecedentes condenatorios, Guerrero no tuvo alternativa y accedió a un acuerdo en juicio abreviado, condenándolo a 11 años por los delitos de corrupción de menores (en la modalidad promoción) agravada por haberse cometido mediante amenazas, consumados en forma reiterada bajo la modalidad de delito continuado, y abusos sexual simples reiterados, explicó Carlos Riera para El Día de Gualeguaychú

Pero además se revocó la condicionalidad de la pena aplicada por el Tribunal de Juicios de Gualeguay el 13 de febrero de 2012 de tres años de prisión condicional y se procedió a la acumulación de penas estableciéndose 12 años de prisión efectiva como pena única.

Esta sentencia adquirió firmeza automáticamente porque las partes, como en todo proceso abreviado, renuncian a los plazos procesales. Por ello, Guerrero fue trasladado desde los Tribunales de Gualeguaychú directamente a la Unidad Penal Nº 9 Colonia El Potrero, donde ya cumple con lo dictaminado.

Gualeguay21

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